Opinió de Paco Bustos
Miguel Sarasa: un hombre bueno
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Cuando me enteré de que nuestro Ayuntamiento había pensado en Miguel Sarasa para dar  su nombre a uno de nuestros pabellones, sentí una enorme alegría, puesto que los que hemos tenido el honor de compartir experiencias con él sabemos de su enorme generosidad para con los demás.  

Hablar de Miguel es hacerlo de una gran parte de la historia reciente del deporte de nuestra ciudad, ya que en su faceta de maestro y profesor de educación física podemos decir que han pasado por sus aulas cientos y cientos de  alcoyanos, dejando este, un gran legado docente, pedagógico y deportivo.

Estimado Miguel, permíteme que en estos momentos me acuerde de tres personas que para ti, son un todo en la vida. Tu mujer Julia y tus dos hijos, Javier y Cristina. Sé que por tu dedicación al deporte, te has perdido muchas horas de estar y compartir con ellos. Fines de semana que has estado liado con acontecimientos deportivos, muchas noches de  llegar a casa después de largas reuniones cuando tus hijos estaban ya durmiendo. Me consta que todo lo han aguantado sin un reproche. Todos ellos también se merecen que desde estas líneas les pida perdón, por acapararte y restarles la presencia de su padre en tantos momentos de vuestras vidas. Gracias Julia, Javier y Cristina  por vuestra  generosidad, por dejarnos compartir a vuestro padre tantos años.

Sarasa, como buen maño que es, nació en Los Corrales (Huesca). Vino de joven a vivir a Alcoy, concretamente el 16 de diciembre de 1961, por circunstancias ajenas a él. El motivo de su llegada a nuestra ciudad radicó en que su padre, que era militar, fue trasladado al Regimiento Vizcaya 21. Pero a Miguel, con su carácter abierto y su don de gentes, no le costó nada integrarse en la sociedad alcoyana.

Muy poca gente sabe que la verdadera vocación de Miguel es la de maestro, ejerció la docencia en el colegio San Roque y posteriormente en el Instituto de Batoy.  Miguel Sarasa fue uno de los primeros en tener la licenciatura de Educación Física en nuestra ciudad, debido a que él tenía diferentes títulos deportivos que le fueron convalidados en los años 80. Después de hacer varios cursos, el Ministerio de Educación los ratificó y  le fue otorgada la licenciatura. 

Hay una faceta en la vida de Miguel en la que lo conozco muy bien, la de colaborador deportivo. He tenido la suerte de tenerlo a mi lado muchos años, en los momentos buenos, pero cuando más próximo lo he tenido siempre ha sido en momentos difíciles, nunca me falto tu apoyo incondicional y eso siempre lo tendré presente y te lo agradeceré eternamente.

Recuerdo como si fuera hoy, la primera vez que vi a Miguel Sarasa. Fue en vísperas de las primeras elecciones municipales. Un grupo de dirigentes deportivos de la  antigua  Fundación Pública Municipal Centro de Deportes, encabezada por Roberto Blanes, Eduardo Latorre, Octavio Fuentes y Miguel Sarasa se presentaron en la sede que el partido (PSOE) tenía en la calle Doctor Sempere, para hablar  con el que iba a ser el futuro alcalde de Alcoy, Pepe Sanus, para sugerirle que a todos ellos les gustaría que se tuviera en cuenta en la futura corporación como concejal de deportes a Miguel Valor, ya que este ya venía colaborando con la entidad.

Una vez constituida la corporación municipal y distribuidas las concejalías por el Alcalde Sanus, la concejalía de Deportes recayó en Miguel Valor y a mí me tocó lidiar con la de Juventud. A raíz de mi responsabilidad en esta área municipal, mantuvimos contacto en muchas ocasiones ya que el bueno de Eduardo Latorre y Miguel contaban muchas veces con mi ayuda, para diversas causas deportivas.

La concejalía de Deportes estuvo sometida por esos tiempos a muchos cambios. El primero de la era democrática fue Miguel Valor, luego se incorporó, Paco Moltó y más tarde vino Francisco Giner. Este último, por motivos personales, dimitió con lo cual quedó un tiempo este cargo vacante. Entonces el alcalde, Pepe Sanus, nombró de forma interina que se hiciese cargo de la concejalía Miguel Rubio y a mí me designó miembro de la Junta de Gobierno del Centro de Deportes.

Con motivo de mi incorporación a la Junta de Gobierno del Centro de Deportes, la convivencia con Miguel Sarasa y Eduardo Latorre, junto a Rafa Priego era casi diaria, ya que ellos tres eran parte muy importante del día a día del deporte en nuestra ciudad. Como se suele decir el roce hace el cariño y eso fue lo que sucedió con los tres.

Llegó el momento en que el alcalde tenía que nombrar al nuevo concejal de deportes y tanto Eduardo Latorre como Miguel Sarasa, un buen día, se plantaron en el despacho de la Alcaldía y le dijeron a Sanus que les gustaría que me nombrara a mí concejal de Deportes. Pepe Sanus, que siempre tuvo en mucha consideración a estos colaboradores y tenía muy presente lo que ellos opinaban en materia de deporte, les dijo que si ellos creían que yo podía hacer un buen papel en deportes, que por él no habría ningún problema en  delegar en mi esa faceta.

A Miguel Sarasa lo conozco muy bien. En mis casi 15 años como edil de Deportes, siempre lo tuve a mi lado como un padre que protege a su hijo, como fiel colaborador, siempre dando el consejo sabio y mesurado, defendiendo al deporte en todas sus modalidades. Sarasa es de esa clase de gente que siempre está dispuesta a ayudar a los demás, sin que por esto tenga que recibir nada a cambio. Es el escudero que todo guerrero quisiera tener al lado, el hombre que antepone el yo, por el de los demás. Es de esa clase de hombres que cruzan el mar de la vida nadando, mientras otros prefieren bañarse en la orilla sin arriesgar nada. El único símbolo de superioridad que le reconozco es la bondad y el del servicio a sus semejantes.

Sé que en la ciudad hay muchos hombres y mujeres como  Miguel Sarasa, que se merecen reconocimientos públicos. En todos los barrios de la ciudad hay una mujer o un hombre esperando a que se les reconozca que en alguna faceta de sus vidas han dado algo por la ciudadanía de una forma desinteresada. Estaría bien, que poco a poco, nuestras autoridades fueran reconociendo la labor de estas personas y se les valorara los méritos contraídos con la ciudadanía sin sectarismos ni politiqueos mal entendidos. 

Quiero desde estas líneas decir bien alto que, tanto para Pepe Sanus como para mí, fue un placer y un honor el haber compartido contigo una etapa de nuestras vidas, que estuvieron llenas de ilusión y de proyectos. Etapa que será irrepetible por los lazos de amistad y de cariño que pudimos vivir junto a ti y otros colaboradores como Paco Fuster, Nuria Trenzano, Juan Andres Martínez, Rafa Priego, Vicente Cabanes, Santi Botella, Paco Couñago, Miguel Juan Reig y Paco Valor y los añorados Eduardo Latorre, Silvia Jordá y Chimo Moltó y no me quiero olvidar del encargo de nuestras instalaciones deportivas municipales Herminio García y a muchas otras personas que me dejaré fuera, no intencionadamente, por olvido. Todos vosotros dejasteis un buen legado, que estoy seguro que disfrutaran futuras generaciones de deportistas en  nuestra ciudad.  

Y finalmente estimado Miguel, decirte que en los momentos más difíciles reconocí en ti a un compañero leal, que no me diste nunca la espalda y que con tus  palabras me animaste siempre a continuar la senda del trabajo. Gracias por todo, amigo. 

Opinió de Paco Bustos

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TRIBUNA OBERTA
ARAMULTIMÈDIA, dissabte 10 de juny de 2017
Opinió de Paco Bustos
Miguel Sarasa: un hombre bueno
Rubén Lledó - 10/06/2017
Paco Bustos / CDA
Cuando me enteré de que nuestro Ayuntamiento había pensado en Miguel Sarasa para dar  su nombre a uno de nuestros pabellones, sentí una enorme alegría, puesto que los que hemos tenido el honor de compartir experiencias con él sabemos de su enorme generosidad para con los demás.   Hablar de Miguel es hacerlo de una gran parte de la historia reciente del deporte de nuestra ciudad, ya que en su faceta de maestro y profesor de educación física podemos decir que han pasado por sus aulas cientos y cientos de  alcoyanos, dejando este, un gran legado docente, pedagógico y deportivo. Estimado Miguel, permíteme que en estos momentos me acuerde de tres personas que para ti, son un todo en la vida. Tu mujer Julia y tus dos hijos, Javier y Cristina. Sé que por tu dedicación al deporte, te has perdido muchas horas de estar y compartir con ellos. Fines de semana que has estado liado con acontecimientos deportivos, muchas noches de  llegar a casa después de largas reuniones cuando tus hijos estaban ya durmiendo. Me consta que todo lo han aguantado sin un reproche. Todos ellos también se merecen que desde estas líneas les pida perdón, por acapararte y restarles la presencia de su padre en tantos momentos de vuestras vidas. Gracias Julia, Javier y Cristina  por vuestra  generosidad, por dejarnos compartir a vuestro padre tantos años. Sarasa, como buen maño que es, nació en Los Corrales (Huesca). Vino de joven a vivir a Alcoy, concretamente el 16 de diciembre de 1961, por circunstancias ajenas a él. El motivo de su llegada a nuestra ciudad radicó en que su padre, que era militar, fue trasladado al Regimiento Vizcaya 21. Pero a Miguel, con su carácter abierto y su don de gentes, no le costó nada integrarse en la sociedad alcoyana. Muy poca gente sabe que la verdadera vocación de Miguel es la de maestro, ejerció la docencia en el colegio San Roque y posteriormente en el Instituto de Batoy.  Miguel Sarasa fue uno de los primeros en tener la licenciatura de Educación Física en nuestra ciudad, debido a que él tenía diferentes títulos deportivos que le fueron convalidados en los años 80. Después de hacer varios cursos, el Ministerio de Educación los ratificó y  le fue otorgada la licenciatura.  Hay una faceta en la vida de Miguel en la que lo conozco muy bien, la de colaborador deportivo. He tenido la suerte de tenerlo a mi lado muchos años, en los momentos buenos, pero cuando más próximo lo he tenido siempre ha sido en momentos difíciles, nunca me falto tu apoyo incondicional y eso siempre lo tendré presente y te lo agradeceré eternamente. Recuerdo como si fuera hoy, la primera vez que vi a Miguel Sarasa. Fue en vísperas de las primeras elecciones municipales. Un grupo de dirigentes deportivos de la  antigua  Fundación Pública Municipal Centro de Deportes, encabezada por Roberto Blanes, Eduardo Latorre, Octavio Fuentes y Miguel Sarasa se presentaron en la sede que el partido (PSOE) tenía en la calle Doctor Sempere, para hablar  con el que iba a ser el futuro alcalde de Alcoy, Pepe Sanus, para sugerirle que a todos ellos les gustaría que se tuviera en cuenta en la futura corporación como concejal de deportes a Miguel Valor, ya que este ya venía colaborando con la entidad. Una vez constituida la corporación municipal y distribuidas las concejalías por el Alcalde Sanus, la concejalía de Deportes recayó en Miguel Valor y a mí me tocó lidiar con la de Juventud. A raíz de mi responsabilidad en esta área municipal, mantuvimos contacto en muchas ocasiones ya que el bueno de Eduardo Latorre y Miguel contaban muchas veces con mi ayuda, para diversas causas deportivas. La concejalía de Deportes estuvo sometida por esos tiempos a muchos cambios. El primero de la era democrática fue Miguel Valor, luego se incorporó, Paco Moltó y más tarde vino Francisco Giner. Este último, por motivos personales, dimitió con lo cual quedó un tiempo este cargo vacante. Entonces el alcalde, Pepe Sanus, nombró de forma interina que se hiciese cargo de la concejalía Miguel Rubio y a mí me designó miembro de la Junta de Gobierno del Centro de Deportes. Con motivo de mi incorporación a la Junta de Gobierno del Centro de Deportes, la convivencia con Miguel Sarasa y Eduardo Latorre, junto a Rafa Priego era casi diaria, ya que ellos tres eran parte muy importante del día a día del deporte en nuestra ciudad. Como se suele decir el roce hace el cariño y eso fue lo que sucedió con los tres. Llegó el momento en que el alcalde tenía que nombrar al nuevo concejal de deportes y tanto Eduardo Latorre como Miguel Sarasa, un buen día, se plantaron en el despacho de la Alcaldía y le dijeron a Sanus que les gustaría que me nombrara a mí concejal de Deportes. Pepe Sanus, que siempre tuvo en mucha consideración a estos colaboradores y tenía muy presente lo que ellos opinaban en materia de deporte, les dijo que si ellos creían que yo podía hacer un buen papel en deportes, que por él no habría ningún problema en  delegar en mi esa faceta. A Miguel Sarasa lo conozco muy bien. En mis casi 15 años como edil de Deportes, siempre lo tuve a mi lado como un padre que protege a su hijo, como fiel colaborador, siempre dando el consejo sabio y mesurado, defendiendo al deporte en todas sus modalidades. Sarasa es de esa clase de gente que siempre está dispuesta a ayudar a los demás, sin que por esto tenga que recibir nada a cambio. Es el escudero que todo guerrero quisiera tener al lado, el hombre que antepone el yo, por el de los demás. Es de esa clase de hombres que cruzan el mar de la vida nadando, mientras otros prefieren bañarse en la orilla sin arriesgar nada. El único símbolo de superioridad que le reconozco es la bondad y el del servicio a sus semejantes. Sé que en la ciudad hay muchos hombres y mujeres como  Miguel Sarasa, que se merecen reconocimientos públicos. En todos los barrios de la ciudad hay una mujer o un hombre esperando a que se les reconozca que en alguna faceta de sus vidas han dado algo por la ciudadanía de una forma desinteresada. Estaría bien, que poco a poco, nuestras autoridades fueran reconociendo la labor de estas personas y se les valorara los méritos contraídos con la ciudadanía sin sectarismos ni politiqueos mal entendidos.  Quiero desde estas líneas decir bien alto que, tanto para Pepe Sanus como para mí, fue un placer y un honor el haber compartido contigo una etapa de nuestras vidas, que estuvieron llenas de ilusión y de proyectos. Etapa que será irrepetible por los lazos de amistad y de cariño que pudimos vivir junto a ti y otros colaboradores como Paco Fuster, Nuria Trenzano, Juan Andres Martínez, Rafa Priego, Vicente Cabanes, Santi Botella, Paco Couñago, Miguel Juan Reig y Paco Valor y los añorados Eduardo Latorre, Silvia Jordá y Chimo Moltó y no me quiero olvidar del encargo de nuestras instalaciones deportivas municipales Herminio García y a muchas otras personas que me dejaré fuera, no intencionadamente, por olvido. Todos vosotros dejasteis un buen legado, que estoy seguro que disfrutaran futuras generaciones de deportistas en  nuestra ciudad.   Y finalmente estimado Miguel, decirte que en los momentos más difíciles reconocí en ti a un compañero leal, que no me diste nunca la espalda y que con tus  palabras me animaste siempre a continuar la senda del trabajo. Gracias por todo, amigo.  Opinió de Paco Bustos
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