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A Paqui Denia, que está en los cielos

Porque no está en el cielo. Sino en los cielos. No en uno, sino en muchos. En el cielo de los creyentes, de los artesanos, el de las esposas y el de …

Porque no está en el cielo. Sino en los cielos. No en uno, sino en muchos. En el cielo de los creyentes, de los artesanos, el de las esposas y el de las madres. Y cómo no, en el cielo eterno de la Gloria primigenia, el reservado a los grandes. Pero a los grandes caídos en el olvido y que sólo un vilipendiado se atreve a glosar. Era la Venus de Milo, la Afrodita de Santa Rosa, la Astarté alejandrina y la Lucrecia órfica. Muchas mujeres para una sola efigie. 

Paqui Denia como Lucrecia Borja. Lapiz litográfico sobre mármol

Y es que Paqui Denia se ha ido sin pena, pero con gloria. Arrancó el 2023 de mala manera. Por desgracia, típico para la familia Soler & Denia. Jano vuelve con sus pataletas. Si a principios de 2013 fallecía Alejandro Soler, ahora los caminos de Dios marcaron el destino inescrutable. Nos dejó Venus, Afrodita, Astarté y Lucrecia. La mujer que hizo de Alejandro Soler un tótem para el arte. No es válido aquello que “detrás de un gran hombre, siempre hay una gran mujer”. Porque Paqui ya era grande y siempre iba por delante de Alejandro. 

Alejandro y Orfeo

Supo conciliar a hititas y asirios. Cosía a sasánidas y aqueménidas. Hizo desfilar por Sant Nicolauet a Ciro I “el grande” y a Cosroes III. Y tú, ahí sentado en una silla de madera haciendo palmas con la boca abierta. Musa. Modelo. Emperatriz. Fumando. Hasta el último suspiro. Como una Greta con garbo. Como una Minnelli sin lisa. La Cleopatra del Nilo. Paqui del Serpis. 

Paris Soler Denia

Ya está bien de prosopopeyas. Seamos micénicos. Busquemos el origen del discurso. Preguntemos a Aristóteles. Paqui fue la madre de la escenografía valenciana. La madre de Tirisiti. La madre de los Reyes Magos de Oriente. La madre de la indumentaria de los moros y cristianos. La madre de la tramoya. La madre de Paris y Orfeo. Mellizos. Paris es Paqui, Orfeo es Alejandro. Porque no hay creatividad sin trabajo. No hay arte sin artesanía. No hay genialidad sin sacrificio. No hay renacimiento si no hay gótico. Que espere el barroco, no está incluido en esta tragedia.

Orfeo Soler Denia

Se detuvo por última vez en la esquina de una entidad bancaria del barrio de Santa Rosa. Se sentó en el hueco. Descargó la compra. Sacó un cigarro. Lo encendió. Me saludó. Todos bien. Subió por última vez la calle Jaume I “el conqueridor”. Se detuvo en la entrada de la placeta y con una mueca, porque ya no era sonrisa, vio su efigie en fotografía icónica obra de Toni Miranda. Bajó la mirada. Siguió hasta su casa. Subió en ascensor al octavo piso. Descargó la compra. Se sentó. Suspiró. Otro cigarro. Finalmente, exhaló. Y con ella, todo este bagaje. Digna. Trabajadora. Atenta. Eterna. 

El resto de mortales no debemos caer en el menoscabo. No. Me niego a permitir que esta mujer quede en el olvido. Tantos y tantos artistas alcoyanos que se fueron como un tenue hilo, con pena y sin gloria. Es una deuda. No aprendemos de nuestra historia. Porque los homenajes, los reconocimientos, se hacen en vida. 

Silencio. Ocupen sus butacas. Paqui, ahora mismo nos está mirando desde alguno de los cielos. Respira. Deja la compra en el suelo. Saca un cigarro. Lo enciende y desde ese escenario privilegiado de la eternidad, grita al director: “que empiece la función”. 


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