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Llámame tonto, pero al menos dame el pan

"Tonto" se considera un insulto si un individuo se lo endilga a otro, pero la cosa cambia, y mucho, si son las instituciones, o, para ser exactos: sus representantes, los que no sólo te etiquetan de tonto, sino que te obligan a practicar la tontería supina. No se percibe una respuesta igual de airada del personal ante unos dirigentes que no sólo nos toman por tontos, sino que encima nos ponen a ejercer.

"Dice mi mamá que tonto es el que hace tonterías", Forest Gump dixit, y cuánta razón tenía la señora Gump. Y si esa tontería consiste en tomar por tonta a toda la ciudadanía entraríamos ya en la categoría de tontolhaba.

En apenas unas horas me he echado a la cara, a través de los medios de comunicación a unos -y unas- cuantos tontolhabas dignos de reseñar aquí:

Como ese tontolhaba que el otro día, sin el menor rubor, clamaba que habrá que empezar a ir pensando en el copago sanitario, ya que el paciente también debe apechugar porque el sistema actual es inviable económicamente y bla, bla, bla... tomándonos a todos los que teníamos el disgusto de escucharle por tontos, como si no supiéramos, o no pudiésemos traer a colación del recuerdo, que la sanidad ya se finanza con nuestro dinero, con los impuestos y las retenciones salariales por ese preciso concepto, ¿o es que acaso la sanidad la sostiene él organizando rifas?

O esa tontalhaba tertuliana que, anoche en la radio, pretendía minorar una acusación judicial de cohecho continuado a un simple despiste del señor Camps, que había olvidado conservar las facturas de su trajín. Por no decir del propio ex molt honorable, que trufó su parrafada de despedida de impagables perlas del mejor tontolhabismo, así como la propia comparecencia, que fue una operación de tontolhabismo del más alto nivel. Dejó dichas cosas como: "la brutal injusticia" que se cometía contra él, mediante "una operación que nadie, nadie" -insistía-, "entiende". Estoooo, señor Camps... yo sí la entiendo, perfectamente. Y creo que otras muchas personas también. Vale, aunque puede que no la mayoría...

O esa campaña tan tontalhaba de atosigarnos a través de los medios con la hambruna en Somalia. Pretenden hacernos sentir culpables de tamaña desgracia y que nos rasquemos el bolsillo con algo de calderilla con la que limpiar la mala conciencia; y tal vez algo tengamos todos que decir al respecto, cuando medio mundo (más de medio, para mayor bochorno) se muere de hambre y el otro medio, en plena operación bikini, tiene que hacer ímprobos esfuerzos por no asaltar la nevera y atiborrarse de comida. Dato: un tercio de la comida que se cocina en el primer mundo va a parar a la basura. ¿Y por qué acuso de tontalhaba la supuesta denuncia que hacen los medios de comunicación de semejante injusticia? Pues porque esos mismo medios masivos (mass media) no son más que los portavoces de los grandes intereses; y esos grandes intereses son los mismos a los que cabe acusar de no atajar, teniendo los medios, la hambruna de Somalia, ni el hambre en el resto del mundo. Dato: en junio de 2008 la FAO (la rama de la ONU especializada en la agricultura y la alimentación) informó en su simposio de Roma que para la erradicación del hambre en el mundo sería necesaria la inversión de 50.000 millones de dólares anuales para la adquisición de maquinaria, implantación de regadíos, infraestructuras, etcétera... La ONU solicitó esos 50.000 millones de dólares a los países ricos (regidos en la sombra, como ya se sabía, pero ahora con la crisis ha quedado bien patente, por los mismos lobbies económicos que son los amos que le dictan la partitura a esos medios que ahora nos apremian con imágenes de negritos famélicos). ¿Qué hicieron los países ricos, a expensas de sus titiriteros transnacionales? Negar esa ayuda. Saltemos ese verano de 2008 y plantémonos en el 14 de septiembre: estalla la gran crisis económica. Los bancos acuden lloriqueando a esos mismos países ricos y les piden ayuda, no para comer y no morir de hambre, no; sino para poder volver a ganar todo el dinero que ganaban antes del reventón, porque con su voracidad han colapsado la gallina de los huevos de oro (bueno, casi mejor la gallina de los huevos de humo, porque una de las causas de la debacle fue, precisamente, abandonar en su día el patrón oro). ¿Qué hicieron los países ricos? Pues no parece que se mostraran tan reacios, porque de momento ya llevan regalados a los bancos para reflote del sistema financiero la friolera de 2 billones (con b) 700.000 millones de dólares. Es decir, 54 veces más que lo estimado por la FAO para la erradicación del hambre en el mundo. Así que, cuando las marionetas os vuelvan a azuzar esas terroríficas imágenes de seres humanos abandonados a su muerte por inanición, recordad que nuestros queridos dirigentes prefirieron preservar el bienestar de los codiciosos antes que permitir la supervivencia de todos los habitantes del planeta durante, al menos, 54 años.

¿Estamos tontos o qué?

FERNANDO LLORCA
mirades d'ARA