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Los Moros de la Lana en los festejos de Moros y Cristianos

Escasísimos detalles acompañan la breve historia de los Moros de la Lana nacida con el nuevo Ayuntamiento Constitucional presidido por Fernando Mompó Pla. Ocultas quedan anécdotas, vivencias, sentimientos e historias de esta filada por la ausencia de actas de la Junta de Fiestas regida por José Mayans y Enriquez de Navarra y las anotaciones de los periódicos de aquellos lejanos días.

Los Moros de la Lana nacidos al socaire del partido carlista, copiaron su denominación e incluso sus atavíos de los festejos alcoyanos, presentando tal vez  mutaciones de colores y formas, como así ocurrió si comparamos los de nuestra Caballería Mora con el primitivo ropaje de los Realistas de la ciudad del Serpis. A pesar de que podremos precisar, apuntar e incluso sugerir posibilidades de las diferentes circunstancias que pudieron concurrir en su creación y las que rodearon las reuniones celebradas en la sede social del Casino del Porvenir, por aquel grupo de amigos y correligionarios con la causa de D. Carlos, no podemos “inventar” su indumentaria al no existir descripciones escritas y gráficas. Tarea compleja de una amplia investigación y estudio de comprometidos etnólogos e historiadores que deberán desenmascarar el atrevimiento y la falsía cometida en contra de esa estampa de gran visión y colorido de aquellas gentes valientes, inquietas y jubilosas que acamparon según sus ideales políticos en uno u otro bando, como así ocurrió con los liberales en el cristiano y los carlistas en el sarraceno.

A pesar de la notoria escasez de información en las fuentes festivas, que nos privan de poder determinar con exactitud el número de sus fundadores, su presencia figura en las pulcras líneas escritas de un anónimo y curioso manuscrito de perfecta claridad y caligrafía, del que he podido gozar, conociendo detalles y sencillas anotaciones de las que se hallan ausentes las minuciosas enumeraciones de cada momento.

Mostrando atavíos a la usanza turca, influencia de las piraterías berberiscas y otomanas del siglo XVI, época en que comenzó a gestarse la fiesta, tomaron por vez primera el testigo festivo, entre el aplauso y el calor del público, la tarde del 15 de agosto de 1861, cuando volvió a cumplirse el ritual de la Publicación. Cuatro de sus componentes, al igual que cada una de las filadas, unidos a la banda militar y a los sones de todas las comparsas, se estrenaron en aquella jornada, recibiendo el entusiasmo y el júbilo de toda la población. Participes en todos y cada uno de los momentos festivos, tras las numerosas reformas habidas que perfeccionaban su contenido y desarrollo, acudieron siempre todos a una a los diferentes actos que conformaban el programa de los festejos redactado con el beneplácito de la alcaldía y la colaboración del regente de la parroquial de San Carlos, Rvdo. José Melo Vilella.

Con gran entusiasmo y guardando mucha unión y orden transcurrieron sus primeros festejos programados en los días 13, 14 y 15 de septiembre. Testigos del paso efímero de algunas filadas como Guerreros, Romanos o Vizcaínos, en 1.865 quedó relegada su participación en la magna celebración por la aparición del cólera morbo, siendo heroica su permanencia hasta 1868, dada la delicada situación económica de aquellos años donde prevaleció el poco entusiasmo y la baja de festeros, lo que obligó a la suspensión temporal de la fiesta por las crisis políticas y bélicas.

Sometidos a los vaivenes de una fortuna adversa por lo acontecido en la III Guerra Carlista, sobre todo por el episodio de la batalla del “Pla de Camorra” desarrollado en el vecino término de Bocairent, la antevíspera de la Nochebuena de 1873, donde hubo “unos 200 muertos y hasta 500 heridos” según señala el Pbro. Francisco Vañó Silvestre en su libro “Bocairent: Fiestas a San Blas Obispo y Mártir. Soldadesca, Moros y Cristianos”, los Moros de la Lana siguieron manteniendo el fuego de la fiesta apoyando a la junta del Casino “El Porvenir”, que en 1.874 tras la correspondiente solicitud municipal, y en unión al párroco de San Carlos D. Eduardo Legido Novella, festejaron a nuestro patrón tan solo en solemnes funciones religiosas, como de igual modo ocurriría en 1876.

A pesar de los enfrentamientos ideológicos y a las sequías que de forma extremada afectaron a la Villa, los moros de la lana, fueron protagonistas del resurgir de los festejos de moros y cristianos en 1878 al apoyar las iniciativas del Casino del Porvenir, a través de su dirigente. Con inmensa ilusión prepararon sus atuendos y armamentos haciendo frente a gastos y buscando entre los pueblos circundantes los músicos que les acompañarían para gozar de los días grandes, con exacto cumplimiento al reglamento interno y las prevenciones contenidas en los bandos municipales.

Comprometidos con el festejo fueron, en 1880, parte activa e importante de la creación de la Sociedad de Festeros, teniendo a su propio representante en la Junta Directiva de Fiestas, entre cuyas facultades conferidas por la nueva reglamentación, quedaba la admisión de nuevas comparsas y la aprobación de los trajes que habían de vestir en los determinados actos. La denominación de las comparsas que concurrieron a los primeros festejos organizados por la novel Sociedad de Festeros registradas en su art. 39 fueron “Cruzados (vulgo Capellanes), Estudiantes, Marineros, Tomasinas, Contrabandistas y Suavos, Moros marinos, Cávilas (sic), Moros de la Luna (sic), Turcos y Caballería”. Compuestas por un número ilimitado de componentes, pero en ningún caso menor de cinco, protagonizaron todas ellas un heterogéneo  expresivo y sabroso anecdotario oculto una vez más por la pérdida de los libros de actas de la sociedad pero patente en los comunicados que sus respectivos presidentes remitieron a los correspondientes gobernadores civiles de la provincia con la complementación de documentos y la recopilación de datos, así como en las páginas de los rotativos de aquellos pretéritos días.

Aunque no es fácil historiar las vicisitudes de un buen número de comparsas a lo largo del siglo XIX, teniendo en cuenta la falta de documentos para abordar su participación activa con sus numerosos altibajos, sus desapariciones momentáneas o reapariciones fugaces consecuencia de las críticas situaciones políticas y económicas vividas, la lectura del Mercantil Valenciano del 13 de julio de 1881 descubre a la Caballería Cristiana participando por vez primera en los festejos que unidos a Cruzados, Estudiantes, Marineros Cristianos, Contrabandistas, Tomasinas y Zuavos integraron las huestes cristianas frente a Moros Marinos, Turcos, Caballería Mora, Rifeños y Moros de la Lana en las mahometanas, quienes registraron al año siguiente 1882, y tras su conclusión, la expulsión de los Cruzados vulgo Capellans por orden acordada en Consejo de Ministros y la desaparición de los Moros de la Lana, por manifiesta voluntad ante la falta de suficiente número de componentes, tal como reseña, el 13 de agosto de 1883, el oficio nº 308 de la entrada de correspondencia municipal enviada por el presidente de los fest


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