El birlo rompepelotas
Son metálicos y los coloca el Ayuntamiento para impedir el acceso de los coches a las calles por las que se desarrollan los actos festeros. Se dice, que para su diseño los técnicos han tenido en cuenta la talla media del alcoyano; de tal forma, que la parte superior de estos pequeños pilares llegue justo a la altura de la entrepierna. El guión del choque suele ser casi siempre el mismo: un peatón circula con sus amigos, entre grandes aglomeraciones de gente; en medio del fragor de la conversación, la víctima no advierte la presencia del birlo asesino y de repente, sufre el terrible golpe en lo más sensible de su virilidad. Este incidente tiene un doble castigo: además de causar un fortísimo dolor, provoca la risa y el comentario jocoso de los espectadores. La víctima sufre en carne propia los efectos del damunt de cabró, a la presó.
El pesado del 'gotet'
Los estudiosos no han logrado averiguar todavía dónde se esconden estos tipos el resto del año. Lo cierto, es que aparecen en Fiestas como una plaga. Van cogidos a un gotet de plástico con una bebida indeterminada y cuando consiguen una presa, no la sueltan con facilidad. Su conversación (un monólogo casi incomprensible) utiliza como punto de arrancada algún lejano contacto con la víctima y a partir de ahí, nada es capaz de pararlos. Hablan de la mili, de las collejas que nos daba el maestro en Cervantes, de aquella borrachera impresentable que cogimos un día del Alardo y en general, muestran una memoria fotográfica para los momentos más vergonzosos de nuestra vida. Son incansables. Se habla del caso de un pesado que cogió a su víctima en la arrancà de la Diana y que no la soltó hasta que pasó el alférez moro. La única manera de luchar contra ellos es aplicar el pies para que os quiero y darse la fuga.
La ensaladilla letal
Cualquier experto en cuestiones festeras sabe que mayonesa y Día del Alardo son dos conceptos incompatibles. Año tras año, la ley de la oferta y la demanda hace bajar el precio de la ensaladilla rusa en los bares, conforme avanza la jornada del día 24 y se acerca la fecha de caducidad del citado mejunje. Los camareros hacen insistentes (y sospechosas) recomendaciones de esta tapa a unos clientes agotados tras tres días de Fiesta, que ya sólo aspiran a conseguir una mesa y a cenar algo medianamente pasable antes de retirarse a sus casa. Los incautos que caen en esta trampa mortal suelen pasar la jornada del Día del Descanso muy cerca de la taza del water, maldiciendo ese último exceso festero y jurando en arameo que en años posteriores cerrarán la Trilogía con una tostadita y un agua mineral.
Con mando en plaza
El tío manda y quiere que la gente sepa que manda. Para conseguir su objetivo, se tira los tres días de Fiesta brazeando en medio de la calle, persiguiendo fotógrafos en los actos oficiales y dirigiéndose a sus compañeros de filà con un gesto más propio de un cuartel, que de una celebración festiva. Este tipo de primer tró o de directivo del Casal es una de las señas distintivas de los festejos alcoyanos; hasta tal punto, que hemos conseguido exportarlo. Los moros y cristianos de la toda la Comunidad Valenciana (hasta los de los pueblos más pequeños) están "empudegats" de tipos que repiten maquinalmente los gestos de mando aprendidos en Alcoy y que están convencidos de que sin ellos, las fiestas serían un desastre. Conviene puntualizar que, gracias a Dios, existe una larga lista






