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El diari de Mireia: Martes 28 de abril. Día 45: ¿Miedo al contagio o a la muerte?

La plaça de Dins d'Alcoi
  • Yo personalmente no tengo miedo por mí. No me da pánico contagiarme, porque dentro de esa probabilidad, supuestamente no me afectaría y pensar en que podría afectarme no me quita el sueño. Lo que sí que me da miedo es pertenecer al grupo de asintomáticos y que por cualquier tontería pueda contagiar a alguien mayor, como mi madre o mi padre y mi abuela cuando pueda verles.

Primera notificación del día con mi cerebro aún apagado y sin luces: “Por cuestiones médicas, he tenido que solicitar la baja laboral durante dos semanas. No obstante, no os preocupéis que esto no intercederá en el desarrollo de la asignatura…..”

El único profesor al que he admirado durante este año y he apreciado su dedicación durante la cuarentena, se pone ahora, en tiempo de coronavirus, de baja dos semanas. No quiero ponerme en lo peor, pero es inevitable. Siendo la COVID-19 la protagonista de nuestras pesadillas todavía y siendo dos semanas justas de baja no me extrañaría que el docente esté contagiado.

Qué injusto es todo esto y cómo te cambia la vida de un día para otro. Quién sabe, a lo mejor mañana soy yo la infectada, o mi madre, o mi hermana o mi amiga. Estamos metidos en el juego del coronavirus y en un momento dado puede ser  tu turno de contagio con el cual podrás ganar o perder la partida.

Hablamos mucho del virus y del caos que ha generado y que generará pero, ¿qué es lo que realmente nos hace estar alarmados? ¿Contagiarnos o morirnos?

Los más vulnerables son los que más papeletas tienen para que el virus acabe con sus vidas: personas de la tercera edad, pacientes con problemas respiratorios como el asma, diabetes… no obstante también se dan casos en los que los fallecidos se convierten en jóvenes con una salud ejemplar.

Pánico

Yo personalmente no tengo miedo por mí. No me da pánico contagiarme, porque dentro de esa probabilidad, supuestamente no me afectaría y pensar en que podría afectarme no me quita el sueño. Lo que sí que me da miedo es pertenecer al grupo de asintomáticos y que por cualquier tontería pueda contagiar a alguien mayor, como mi madre o mi padre y mi abuela cuando pueda verles. Mis padres tampoco entran en este rango de peligro, pero la edad no perdona ni al coronavirus.

En cambio mi abuela pertenece al 100% a este sector vulnerable, los ancianos, y que sea yo la que pueda contagiarle me da más miedo que tener y padecer yo la enfermedad. Ni se me ocurre pensar en esta alternativa, la veo cruel e innecesaria para mi subconsciente.

Por lo general, la gente piensa lo mismo, no miedo a tenerlo sino miedo a poder contagiar a los nuestros que podrían sufrir más. No me da miedo la muerte, me da miedo ser partícipe de ella.

En las noticias poco a poco van apareciendo rayos de luz: la restauración ya plantea su reapertura con medidas de seguridad y el turismo empieza a pensar alternativas para afrontar el verano de 2020.

Algunas de las medidas que se están barajando, por ejemplo en los bares, es el uso de cristaleras de separación entre mesas. Lo que en la práctica sería estar en el quinto pino a la derecha de la mesa de la que antes podías escuchar la más íntima conversación.

Veo estas noticias y pienso que estamos ya a nada del final, pero al segundo reflexiono y caigo en que tan solo estoy siendo víctima de la tentación de hacerme ilusiones para evadirme de la pandemia. Aún queda mucho para poder volver a aquello que me hacía tan feliz, una Turia a las ocho de la tarde un sábado en la Plaça de Dins.

Mejor de ánimos

Esta semana estoy teniendo un espíritu más animado por las tardes. Soy mucho más productiva y pensar en que hoy es martes con sabor a miércoles - porque el viernes es fiesta - puede que sea un condicionante crucial. Hago prácticas y sigo sin entender una de las asignaturas que tengo.

Sé que es imprescindible la tecnología para el futuro de cualquier carrera, pero facilitar y adaptar la comprensión de una futura periodista no estaría de más. El profesor de Informática para la Comunicación (informática, lo de comunicación lo ponen para que quede “bonico i preciós”) se piensa que somos estudiantes de ingeniería informática y no, está muy equivocado, en caso contrario me hubiese quedado en la UPV de Alcoy estudiando.

Le envio correos pidiendo comprensión para que no ponga tan difíciles las prácticas, explicándole con claridad que soy una negada para los programas informáticos, sistemas de seguridad y no sé qué más que me piden. Pero su respuesta, claramente, siempre se ciñe a los superdotados de clase “Hay compañeros tuyos que sí que han podido hacer la práctica sin problemas”. Bueno pues gracias, ya nos apañaremos el 80% del resto de la clase como podamos, o bueno como dijiste ya en un día “buscando en internet”.

 

Universitat

Las dudas de las evaluaciones del ámbito académico van teniendo sus resoluciones. En dos asignaturas ya se nos ha planteado la posibilidad de no hacer examen y ser evaluados con la nota de la parte práctica aspirando, eso sí, a un 8 como máximo. Si queremos más nota deberemos hacer el examen.

Mi ansia por sacar nota siempre ha sido impresionante, tanto que llegué a tener ansiedad en segundo de la ESO, cuando la nota importaba solo para que mis padres me dejasen salir de fiesta hasta la 1 de la noche el día de carnaval, es decir, para nada porque al final lo hacían teniendo un 6 como un 9.

No obstante y, dada mi compaginación de estudio, trabajo e impacto psicológico por la  pandemia he considerado que no haré ningún esfuerzo extra, que me conformaré con la nota mínima porque un 5 son 6 créditos.