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El diario de Mireia: Día 17, de la rapidez a la impaciencia

La família, fonamental aquests dies
  • Somos una generación privilegiada. Formamos parte de una sociedad que puede permitirse el lujo de la inmediatez comunicativa que desemboca a su tiempo a la impaciencia.
  • Estamos en una situación parecida a la de una guerra, pero con una gran diferencia. Entonces se apreciaban las cartas, la gente esperaba con ansias la de alguien en especial, las guardaban como valiosos tesoros, las leían y releían, deseaban recibir la noticia de “estamos vivos”...

Mireia Martí Expósito viu el seu dia 17 d'aïllament amb cert gust amarg. Comencen a pesar els dies. Enyora la família i reflexiona al voltant del que ens està passant i de la importància de les tele-comunicacions. No té ganes de res, però és forta i vol complir els seus objectius vitals i acadèmics.

Dentro de un mes empieza mayo y aún me pienso que estoy en enero.

Me levanto y pienso que solo he dormido dos horas. El ambiente nocturno, y tener que encender las luces me ha hecho pensar que eran las doce de la noche en vez de las siete y media de la mañana. Pero bueno, café para el cuerpo y a producir.

Aunque hoy... me siento desganada,  no me apetece hacer absolutamente nada y ahora es cuando más cosas debería hacer. También puede ser que es día impar de cuarentena y acaba en 7. Siempre he sido más de pares y el siete me parece un número horroroso.

Tengo que hacer un reportaje y una entrevista para una práctica de la Universidad. Es bastante complicado contactar con más de tres fuentes personales con interés periodístico en estas condiciones. Los altos cargos están muy ocupados, no es tan fácil dar con ellos, y menos siendo una estudiante ya que tengo mucho menos peso que cualquier medio de comunicación. No obstante esta situación no va a poder conmigo ni va a hacer que suspenda las prácticas. No voy a parar hasta poder hacer un trabajo de 10.

A pesar de ser “pocas” las tareas que me envían,  me siento muy desanimada. Las horas de estudio se me pasan volando y al final no hago casi nada productivo, no hago más que mirar la pantalla del ordenador en blanco y pensar en cómo hacer las cosas. Parece que todos los conocimientos y hábitos de estudio se los ha tragado el bicho.

 

Distracciones

Mis amigas se sienten igual, sin ánimo de nada, y es por ello que hemos decidido hacer un concurso entre nosotras que prefiero mantenerlo en secreto. Mucha gente de mi edad y alrededores busca alternativas con su grupo de amigos y amigas para poder entretenerse y evadirse. Estos juegos, concursos, vídeos, etc muchos los mantienen en secreto para, de esta forma, no perder la esencia de cada uno de los participantes que podría perderse si esos archivos salieran a la luz.

Lo comento aquí porque a pesar de no querer compartirlo, no quiero olvidar las alternativas “chorra” que buscamos entre todas para levantar los ánimos.

La gente, además de buscar pasatiempos para matar su aburrimiento y desesperación, está aportando su granito de arena desde casa. Muchos deciden hacer donaciones monetarias a la Cruz Roja, como ha sido el caso de los miembros de la escuadra de negros de la filá Cordoneros y la escuadra especial de los Ligeros. También vemos venas solidarias artísticas, como la de la pintora Beca Jover. Ella ha decidido donar todos los beneficios obtenidos por unas láminas que ha diseñado para la causa a la Cruz Roja.

Hoy es un día muy especial. Mi prima pequeña Claudia cumple catorce añitos, “ja està feta una doneta”. Hace unos días mi tía Estefanía nos comentó la idea de hacerle un vídeo para felicitarla y, ¡Así lo hicimos! Hoy, a primera hora de la mañana, hemos podido ver el montaje de videos y fotos de todos sus amigos, amigas y familiares.

Lo admito, se me han saltado las lagrimillas. Y es que a pesar de mi sensibilidad semanal causada porque está a punto de visitarme Andrés ,el que viene cada mes (ese no sabe lo que es una cuarentena), empiezo a notar mucho el tiempo que hace que no veo a mi familia. Y pensar en que un día como hoy, bueno no porque es martes, pero este domingo estaríamos en la terraza de mis tíos cantando “Cumpleaños feliz”, me da penita.

 

Esto me ha llevado a reflexionar sobre la gran ventaja que tenemos al poder comunicarnos. Sé que en otras ocasiones ya lo he comentado, pero esque es verdad, somos una generación privilegiada. Formamos parte de una sociedad que puede permitirse el lujo de la inmediatez comunicativa que desemboca a su tiempo a la impaciencia. En el momento que alguien no contesta los mensajes a las dos horas, qué digo, dos minutos, ya nos pensamos que está enfadado o que se le ha ido el Wifi. Somos impacientes por ser correspondidos inmediatamente.

Estamos en una situación parecida a la de una guerra, pero con una gran diferencia. Entonces se apreciaban las cartas, la gente esperaba con ansias la de alguien en especial, las guardaban como valiosos tesoros, las leían y releían, deseaban recibir la noticia de “estamos vivos”…. Ahora me temo que eso ha cambiado mucho.

 

A día de hoy ¿Qué es lo que realmente nos importa? ¿Saber de la otra persona o no sentirte ignorado?

Hoy he leído “quédate con quien te hable durante la cuarentena sabiendo que no te puede ver”. No tengo pruebas, pero tampoco dudas de que más de una persona lo tendrá en cuenta al final de esta cuarentena. Habremos reflexionado sobre la importancia de la preocupación de aquellas personas que realmente te aprecian y lo demuestran haciéndose notar llamando o hablándote día tras día aún sabiendo que no te va a ver más que en versión virtual. Ahí te das cuenta de la gente a la que realmente tienes al lado. Yo ya tengo anotadas una gran serie de personas entre las que se encuentran mi familia y mis amigas, por supuesto.

No hay día que pase sin noticia relacionada con el COVID-19. Hoy se nos ha informado de que Sanidad ya no ofrecerá datos de las muertes en residencias de mayores. Ahora el virus es cuando más fuerte nos está golpeando, y han pensado que no puede haber mejor forma de intentar que desaparezca la preocupación que mantenernos sin información, “muy bien”.

Últimamente mis tíos me envian videos de las palmas de las ocho. Es algo que agradezco mucho porque así puedo ver el momento desde diferentes calles y barrios. Hoy me han enviado uno con regalito especial. Los vecinos de mi prima Claudia, la cumpleañera, le han empezado a cantar “Cumpleaños feliz” de Parchís. Además, en el vídeo sale mi prima muriéndose de la vergüenza -supongo que se le irá cuando el pavo se marche- mientras alguien decía un “te desean tus vecinos de aquí”. Finalmente una de ellas le ha dado incluso un regalo.

Volviendo a Azorín, mis vecinos de enfrente -sí, los que están a casi un kilómetro de mi casa-, han puesto de nuevo un altavoz y el peque de la casa ha cogido un micrófono y ha cantado “La Tusa” y “Resistiré”.  La faceta vecinal de la gente va “in crescendo”.

Cada día noto que tengo altibajos más agudos. Esta semana estoy un poco más desanimada, no se si será porque la he cogido con menos ganas o qué,  pero al mismo tiempo que los ánimos bajan las reflexiones suben como la espuma.

Pienso sobre muchas cosas, en cómo tenía las cosas antes y cómo las tengo ahora, qué estaría haciendo si no estuviese encerrada en casa, qué hice hace un año….

Supongo que será bueno para hacer una comparación y sacar las conclusiones correctas. Conclusiones que me hacen ver cómo querré vivir mi nueva vida que empezará con el fin del Estado de Alarma.