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El diario de Mireia Martí Expósito: Domingo 29/3, día 15, seremos pregunta de examen

  • Sin darnos cuenta estamos recuperando la relación de vecindario que se ha ido perdiendo con el tiempo. Antes los vecinos eran prácticamente amigos y ahora es un privilegio el poder mantener esa conversación meteorológica.
  • Mientras disfrutamos de la música sin conocer el origen de esta, alguien ha chillado: ¡Baixeu la veu que estic estudiant!

Mireia té raó. Açò que estem vivint ho estudiaran els nostres néts com una part del temari d'Història. La nostra periodista en potència aquest diumenge ha viscut una experiència meravellosa... Ha pres el sol, i sent millor.

Calientas, das luz, a veces quemas ¿Quién eres? No me acordaba de que existías. Pensaba que el cielo te había comido pero no, continúas ahí querido Sol. Te he echado poco de menos, pero de tan poco que te echaba de menos quería ya verte para ver qué tal estabas. Al parecer tu confinamiento ya se ha acabado. De momento.

 

Con el tiempo la gente se ha animado y he podido presenciar una “fiesta dominguera”. Un altavoz a lo lejos reproducía música de todos los estilos: desde “Despacito” hasta “La Macarena”. Media hora después le ha salido competencia y otro vecino ha empezado a poner canciones a toda pastilla.

Los propietarios de las casas entrañables que veo desde mi balcón han salido a bailar, cantar, saludar sin conocer al resto....incluso he visto a algunos disfrazados con pelucas. A lo mejor estaban celebrando una nochevieja despidiendo la cuarentena. Pero vaya,  creo que se han precipitado un poco.

Mientras disfrutamos de la música sin conocer el origen de esta, alguien ha chillado: ¡Baixeu la veu que estic estudiant!

La ironía ha estado graciosa, pero en caso de que fuese verdad….. Ánimo, porque no cualquiera estudia estando en cuarentena y menos siendo domingo. 

También he podido entablar alguna conversación con los vecinos de mi finca. Sin darnos cuenta estamos recuperando la relación de vecindario que se ha ido perdiendo con el tiempo. Antes los vecinos eran prácticamente amigos y ahora es un privilegio el poder mantener esa conversación meteorológica de la que hablaba ayer.

Ya puedo anotar una cosa más a la lista de lo positivo del confinamiento, a la que hacía tiempo que no recurría.

Cuando he entrado a mi casa después de haber estado una hora “tomando el sol” he sentido que mis antepasados eran vampiros. La luz me ha producido opacidad visual: ¡No veía nada y me dolían los ojos! A lo mejor el inicio de los vampiros fue como tal, confinados por una pandemia global.

A la luz del día han sido también los aplausos de las ocho. La perspectiva cambia muchísimo al vernos las caras y al ver de perfil todas las manos que aplauden y parece que quieran huir de casa por las ventanas. La luz siempre ha sido sinónimo de salida, de final del recorrido, e inconscientemente este momento mágico con luz solar nos puede afectar positivamente a todos. Aplaudimos con luz, porque se acerca el final.

Un domingo de cuarentena, a diferencia de los sábados, no se puede acoplar a los domingos habituales.

Un típico domingo me hubiese despertado a las 10 de la mañana, pero no por no necesitar más descanso, sino por las taquicardias del Café Licor. Estando un poco convaleciente - por dolor de pies de los tacones, no por otra cosa- me hubiese preparado la maleta para tenerla ya lista.

Y seguidamente hubiésemos ido a nuestro hogar dominguero, a casa de mis tíos por parte  Expósito. La paella a leña, la cervecita, la picaeta, las bromas, el vino (al que mi paladar se tiene que ir haciendo amigo) y los postres improvisados de mi tío los echo mucho de menos.

De mi tía Amparo echo de menos sus tuppers y su “ay la meua xiqueta”.

De mi primo Javi sus “qué pasa con tu rollo”, su “fea” y el apretón en el moflete.

De mi prima Cris sus consejos de hermana mayor y la confianza que reposa en nosotras.

Y de mi tío Francis su carácter de positivismo, sus “os quiero mucho”, y sobre todo el té al estilo árabe que nos prepara con todo el cariño del mundo.

Todas estas muestras de cariño que recibo el domingo quiero volver a sentirlas ya, porque una pantalla puede mantenernos comunicados, pero no puede alcanzar los niveles de aprecio que se consiguen con el contacto humano.

No echo tanto de menos el momento de abandonar la mesa y tener que dejar a mi familia por tener que irme a Castellón. En este momento mi madre me decía “Haber estudiado ingeniería” -para así haber podido quedarme en Alcoy a vivir-, pero estoy segura de que no hubiese podido vivir tantas experiencias como las que he podido vivir hasta entonces.

Una de ellas y, por lo que también echo de menos los domingos, es la ida a Castellón con nuestro -el mío y el de Ana- chófer favorito, Héctor. Las batallitas del sábado; los nuevos lanzamientos de música; en especial de Bad Bunny, C. Tangana y Myke Towers;  las conversaciones profundas; el acento exagerado de alcoyano cuando habla castellano, su exagerada risa y el típico comentario que hacía al poner nuestras maletas en el maletero “Pero bueno! Qué porteu ací?”, también los echo en falta.

Mañana será la cuarta semana consecutiva encerrados en casa y la rutina ya la tengo más que asumida.

Ahora son otras las preocupaciones las que tengo, como el pago del alquiler de los pisos los cuales no estamos utilizando (evidentemente) o el progreso de las clases online.

Más que el virus como tal, los problemas a los que más miedo puede que tenga es a los que vengan después, y eso en el ambiente ya se va notando: miedo a la crisis de posguerra.

En Bachiller algunas de las posibles preguntas de examen eran: “Explica las consecuencias económicas de la guerra” o “Desarrolla las condiciones de vida en la posguerra”.

Vamos a pasar a la historia y dentro de 50 años puede que estas preguntas se sustituyan por “Explica las consecuencias económicas del coronavrius” o “Desarrolla las condiciones de vida tras el coronavirus”.

 

La verdad, me impacta poder llegar a ser pregunta de examen.