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El diario de Mireia Martí. Sábado 4 de abril; día 21: El despegue de la desvergüenza

Mireia Martí Expósito, en el seu balcó
  • Mucha gente está haciendo cuentas en redes sociales de dibujos, fotografías, escritura…… Parece ser que ha sido necesario que una pandemia global nos asilase para quitarnos la vergüenza de hacer lo que realmente queremos
  • El “no” es algo que viene de cajón, pero el “sí” es algo que debemos escalar para conseguir.

Maduresa a la força. Mireia Martí, la nostra escriptora aspirant a Periodista ha passat un diumenge reflexiu, molt reflexiu. No perd de vista l'activitat social que aquests dies hauria d'estar compartint amb els seus. Els nous quinze dies de confinament els ha encaixat bé, però tants dies tancada li ha fet obrir la llauna dels pensaments existencials.

Parece ser que aquello que dije ayer de que no iba a poder experimentar el “hacer la compra en tiempos de coronavirus” ha sufrido un giro de 360º. Pedro Sánchez ha alargado el Estado de Alarma, de momento, hasta el 25 de abril.  Entonces es hoy cuando se supone que estaríamos a mitad, a 20 días del final.

Hoy ya son cuatro lo fines de semana encerradas. Aprovechando el solecito hemos salido un rato para respirar aire callejero y no casero. Con nuestra música puesta y mirando las casas de enfrente hemos podido observar dos cosas:

1- Gente haciendo ejercicio en sus casas.

2- Gente desquiciada dando vueltas por la azotea de su casa. Antes asociábamos a la gente que hacía cosas raras como esa a “estar como una cabra”. Ahora la envidiamos porque no todos tenemos azotea.

El sábado fluye con total normalidad: hacemos algo de deporte, comemos mucho más que un día normal y nos acabamos la Casa de Papel.

No obstante también hemos tenido tiempo para hacer otras cosas, como el reto que han viralizado futbolistas como Marc Bartra o Sergi Roberto: el “Nana Challenge”.

En cuanto al virus que nos está atacando, los datos poco a poco van siendo mejores, que no es lo mismo a que sean buenos. En la provincia de Alicante aumentan los positivos por día, pero a un menor ritmo. Los pasos que se están dando son positivos, pero la lentitud con la que se alcanzan los micro objetivos agota.

Hoy Laura ha sido la que se ha despertado desganada. Hace un año hubiésemos ido a la ruta de las tapas de las filaes y hubiésemos hecho cena con las amigas. Este año no ha podido ser así.  Lau sentía impotencia al ver el buen tiempo que hacía para hacer esos planes en vez de estar en una jaula encerrada.

Cada vez veo más lejano un sábado típico y por ello empiezo a echar de menos los pequeños detalles de un sábado.

Entre otras cosas, echo de menos a toda esa gente que veía, saludaba y mantenía conversaciones sin apenas conocernos por el simple hecho de que me sonaba de vista.

Pensar en muchos de los rostros “de sábado” conocidos me ha llevado a analizar lo que está haciendo esta generación ante la situación presente.

Mucha gente está haciendo cuentas en redes sociales de dibujos, fotografías, escritura…… Parece ser que ha sido necesario que una pandemia global nos asilase para quitarnos la vergüenza de hacer lo que realmente queremos.

¿Por qué la gente lo ha decidido hacer ahora y no antes? Quizás es porque saben que no vamos a ver a alguien físicamente para que juzgue nuestra decisión…O puede que sea por mero aburrimiento.

La respuesta creo que va más allá de un Estado de Alarma, la respuesta se relaciona con la madurez que poco a poco mi generación va experimentando.

A medida que vas creciendo te vas dando cuenta de que la vergüenza no sirve da nada, solo para entorpecer tu progreso tanto personal como profesional. A mi edad todavía hay muy poca gente que tiene la iniciativa propia de hacer cosas diferentes a las del resto.

Pocas son las personas que comparten lo que pintan, bailan, escriben o cantan por miedo al “qué dirán”. Miedo a frases como: “¿Por qué hace esto? o “Qué vergüenza compartirlo”.

Afortunadamente me rodeo de gente que poco tienen que decir sobre la vergüenza. Mi gran referente es mi prima Cristina, que pasito a pasito y sin miedo a nada se ha convertido en una poeta de pies a la cabeza con pseudónimo incluído:  AnitSirc.

 

Madurez

Supongo que es algo que viene con la edad. Ahora, que he puesto en práctica la pérdida de vergüenza, puedo asegurar que satisfacerse de la retroacción del público al que va dirigido el vídeo, la foto o el texto que publicas, es una recompensa maravillosa. 

Sin ningún intento no puedes ver si vas a fracasar o triunfar. El “no” es algo que viene de cajón, pero el “sí” es algo que debemos escalar para conseguir. El arrepentimiento de no hacer algo puede suponer una molestia de por vida, en cambio el fracaso es algo que con otro éxito puedes curar. Hacer lo que quieres es la mejor opción para aprovechar el tiempo que vuela y se lleva consigo las oportunidades más valiosas, que sin darnos cuenta se escapan y no regresan.

 

Si es cierto que la cuarentena ha impulsado a mucha gente a hacer cosas que no hubiese hecho sin ella - como proyectar sin límite las metas personales - ya puedo anotar una cosa más en la lista de cosas positivas: el confinamiento ha impulsado la desvergüenza.