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El diario de Mireia: Miércoles 29 de abril. Día 46. Día internacional de la danza

El dia de la dansa
  • La gente muere por coronavirus, pero tampoco debemos olvidar que siguen coexistiendo otras enfermedades en nuestra sociedad, como el cáncer que esta vez le ha ganado la batalla a Michael Robinson.

Hay días tontos y tontos todos los días.

Afortunadamente hoy no he tenido un día tonto, pero me he encontrado con gente con esta “cualidad” mientras volvía de trabajar en coche. Un hombre estaba paseando a su perro, el perro ha hecho sus necesidades y ahí se han quedado, de adorno en la acera. Que no haya casi nadie en la calle no significa que nadie te vea, y mucho menos que tengas que dejar regalitos ni ahora ni NUNCA. No sé por qué, yo pensaba que la gente eso de la higiene se lo estaría tomando más en serio en tiempos de coronavirus, cuyo supuesto origen se encuentra en el excremento de un murciélago. Pero caigo en la inocencia de nuevo y veo que la gente cochina lo seguirá siendo omitiendo la importancia de la limpieza. Así que tengo un mensaje para todo este sector:

Hay días tontos y tontos todos los días, pero vosotros superáis los límites de tontería con estas asquerosidades, y además de tontos os convertís en guarros e incívicos. Respetad la ciudad y sobre todo a los ciudadanos. Muchas gracias y un saludo. Firmado: una joven asqueada por ver heces en el suelo. 

Hoy en el trabajo ha sido un día muy productivo, al igual que la tarde. Ya le he pillado el truco: hacerse dos cafés al día y no sentarse en el sofá tras comer y que sea misión imposible levantar el culo. Eso más la organización y la fuerza de voluntad.

Danza

La organización es algo que he aprendido y he ido adquiriendo gracias, entre otras cosas, a la danza. Desde que tenía 5 años he podido practicar una de las artes más bellas del universo: La danza. Danza clásica, contemporánea, escuela bolera y  flamenco, junto con música,  han sido las disciplinas que he ido perfeccionando durante 12 años de mi vida en el Conservatorio de Danza de Alcoy, mi segunda casa. Si miro tiempo atrás puedo recordar a la perfección todo aquello que he vivido en este lugar tan especial para mí. Esta historia tan bonita comenzó cuando mi madre me obligó a asistir a clases de ballet, y yo me hacía la enfermita para no ir. Gracias mami por obligarme.

En el transcurso de esos 12 años experimenté una evidente  evolución tanto técnica como personal. Me hace mucha risa cuando mi madre me cuenta que las profes le llamaban para decirle que “les bessones” habían tramado algo. Al parecer éramos los bichitos de la clase, que fueron los únicos de su generación que siguieron en el Conservatorio hasta el comienzo de una nueva aventura: La Universidad. Del Conservatorio me llevo algo más que conocimiento de música y danza. Cursar allí mis estudios de danza me ha permitido disfrutar en el escenario en múltiples ocasiones, desde la más sencilla como la apertura de curso en la Casa de la Cultura, hasta algo más contundente como la colaboración  con el Ballet Ruso en la obra “El Cascanueces”.

También pude disfrutar de encuentros de Conservatorios de Alicante, Galas Benéficas como Acovifa, el concierto de Año Nuevo de la St George Symphony Orchestra, La Viuda Alegre, El  XXV Aniversario del Grupo Barxell de Alcoi dirigido por mi último profesor de música Juan Carlos Sempere Bomboí, clausuras de curso...Pero sin duda, la más emocionante fue la última, cuando salí al escenario sin saber cuándo sería la próxima vez que lo pisaría.

Así es cómo finalizó esta etapa de mi vida. Y ahora cuando paso por mi querido “Conser” para ir a la biblioteca de la Universidad, oigo el eco del taconeo y las castañuelas que tanto me gustaba tocar. Si cierro los ojos aún puedo sentir mis pies helados cubiertos con las zapatillas de ballet (o en ocasiones con los zapatos de tacón prohibidos para no romper con la harmonía del templo de música y danza Alcoy) bajando las escaleras de la que fue la vivienda de Joan Cantó. Al igual que puedo recordar los encuentros con los músicos que provocaban una unión de artes diferentes pero complementarias.

El fin de mis estudios en el Conservatorio no me ha hecho dejar de bailar, ni mucho menos. Aún puedo disfrutar de la danza con el Ballet Gawazi durante todo el verano y de vez en cuando el resto del año.

Además este mundo me ha aportado muchas no, muchísimas personas: si no fuese por él no conocería ni a la mitad de buenas amigas y compañeras de ballet.

Sin olvidar, por supuesto, a todos los profesores de los que he podido aprender durante más de 12 años: MºFrancis, Carmina, Mayte, Raquel, Cristina, Susana, Trini, Juan Carlos, Mayka, Jenny…

 

Hoy, Día Internacional de la Danza, brindo por este maravilloso mundo.

Rememorar esta etapa de mi vida ha hecho posible evadirme por unas horas de la situación actual. A pesar de ello, el problema sigue existiendo ahí fuera - aunque con menor impacto-. En la comarca de nuevo, las muertes no han incrementado y estos datos pueden ser muy importantes y relevantes a la hora de la desescalada, porque se tendrá en cuenta la situación provincial para pasar o no a la siguiente fase.

A pesar de los balances positivos, siguen siendo muchas las vidas que se pierden diariamente. Datos que aunque sean menores siguen impactando, se trata de conjuntos de cuerpo y alma, no de sacos de patatas, y tal y como suenan las cantidades parece que se hayan fusionado los dos términos.

La gente muere por coronavirus, pero tampoco debemos olvidar que siguen coexistiendo otras enfermedades en nuestra sociedad, como el cáncer que esta vez le ha ganado la batalla a Michael Robinson.

El referente de la comunicación deportiva falleció ayer por otro de los grandes enemigos de la salud dejando un enorme legado repleto de citas como: “El cáncer puede matarte una vez, pero no todos los días”.

Adquiramos su actitud ahora, en tiempos de coronavirus y siempre, en tiempos de necesario positivismo.