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El diario de Mireia. Miércoles 8 de abril. Día 25: Ilegalidad autorizada

Mireia Martí Exposito
  • En la fábrica en la que trabajo, la protección es total: gorro, mascarilla, alcohol siempre que entras y sales de la nave, distancia de más de un metro entre las compañeras, limpieza total tras la jornada, etc

Mireia Martí Expósito, la nostra periodista narradora del que està passant durant aquest confinament, és ara també la nostra espia en l'exterior perquè treballa en una fàbrica confeccionant pantalles protectores. Voleu saber si es repecten les mesures de seguretat, realment? I que se sent quan la Policía s'acosta a tu per demanar-te explicacions?

El día me pesa más debido al cansancio de las ocho horas de plantón de ayer por la tarde. No obstante me siento mucho más motivada que antes, pienso que estoy siendo productiva ya no solo a nivel personal, sino que estoy contribuyendo para la causa. Eso supone un pinchazo de adrenalina que no me impide que, además de trabajar vaya a clase, haga prácticas y un poco de ejercicio para descansar la mente un rato.

Al  igual que ayer, entre descanso y descanso aprovecho para ver alguna noticia del coronavirus. Me informo de que a nivel nacional las muertes han vuelto a subir pero que a pesar de ello, el ministro Illa asegura que la curva se está estabilizando.

Después continúo en mi territorio más cercano. Hace unos días nos daban la noticia de que las embarazadas que fueran a parir no podían estar acompañadas por nadie en el momento de las dilataciones y en el parto. Hoy, Sanitat anuncia que se vuelven a permitir las compañías en estos dos momentos. Desde un primer momento esta prohibición ya me parecía inhumana, menos mal que han atendido a las demandas de las embarazadas porque se trata de partos de  niños no de animales callejeros que genéticamente no necesitan ni apoyo ni ánimos.

Hoy veo también que los retos siguen siendo una de las motivaciones de la gente joven.  Uno de ellos es raparse el pelo (los chicos), aunque no se si será un reto, una moda “COVIDERA” o mero postureo, porque no hay ningún chico que conozca que no haya subido una foto rapado.

Mi madre, Laura y yo comemos a las 12:30 para llegar pronto al turno. Tener que estar a esta hora ya lista supone no poder continuar con las series, pero bueno para algo está el fin de semana, para hacer supuestamente todo lo más “lúdico” que no he podido hacer entre semana y que finalmente no haré porque me dormiré en el sofá viendo la cabecera del primer capítulo.

Las normas hay que cumplirlas

Debido a la pautas que ha marcado el Gobierno, no podemos ir más de dos personas en un mismo en coche. Es entonces cuando espero en un punto determinado a una compañera de mi madre para que me recoja y cumplir con la normativa. Mientras la espero veo un coche de policía que se acerca. Me pongo nerviosa,empiezo a temblar y vaya que raro, me entra un apretón. A pesar de tener la autorización de trabajo y saber que no estoy haciendo nada ilegal, me da mucho respeto encontrarme uno de estos coches ahora mismo y que me puedan parar.

Supongo que la gente que no ha parado de trabajar ya está acostumbrada a esta sensación de “a ver si me pilla” pero para mi es todavía algo nuevo.

La dinámica de trabajo es cada vez mejor, hoy ya le hemos pillado el truco a las pantallas protectoras y la ambición de querer hacer más, más y más hace que las horas se pasen volando. En la fábrica la protección es total: gorro, mascarilla, alcohol siempre que entras y sales de la nave, distancia de más de un metro entre las compañeras, limpieza total tras la jornada, etc. La desinfección es imprescindible y eso es algo que allí se hace al 100%.

Llegamos a casa con los  pies y piernas cansadas, algún que otro mini corte de estos que duelen la vida y con un 70% de batería en mi móvil cuando de normal tendría a estas horas un 5%. No tengo apenas  tiempo para mirar Whatsapp o Instagram, algo impensable en mí. Pero he de admitir que tampoco se me hace tan pesado no mirarlo, al fin y al cabo es siempre más de lo mismo.

Me voy a dormir y la última noticia que percibe mi mente viene con Sanitat de nuevo como protagonista de la historia. Ha reconocido que solo se contabilizan por muerte con coronavirus a las personas que habían pasado por un test, el resto de momento no. Agradecería un poco más de transparencia y datos reales pero “menos mal” que de momento estas cifras no las conozco porque sé que me caería de espaldas, me quedaría de piedra, se me dislocaría la mandíbula y todos los refranes sinónimos a “flipar en colores”.