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El diario de Mireia: Viernes 1 de mayo. Día 48: Preguntas frecuentes

  • Puede que esté bien a las 10 pero a las 10:30 esté triste, a las 10:45 enfadada y a las 11:00 más contenta que unas castañuelas. La bipolaridad emocional que estamos experimentando es impresionante.

Día del trabajador, fiesta, despertarse a las 9, calor, manga cortas que sustituyen los batines de invierno, bronceador con protección, música alegre y balcón con sol. ¡Bienvenido mayo!

Menudo día para darle la bienvenida al mes de la transición al buen tiempo. La risa de los niños desde mi balcón se escucha de vez en cuando y cuando no son ellas las que me distraen, son el canto de los pájaros que parecen un sonido de notificación de móvil de lo fuerte que suenan. 

Hoy me he sentido mejor, a ratos. Uno de los pensamientos que me ha trasladado esa buena sensación ha sido pensar en una de las conversaciones que escuché ayer mientras trabajaba. Un compañero con una hija pequeña ha dicho: “Ayer mi hija no quería salir de casa y yo no paraba de decirle: va porfi saca al papi de casa”. Los hijos se han vuelto en los nuevos perros, ahora son ellos los que sacan a sus padres y dueños. 

Bipolaridad emocional

Hace dos semanas había días buenos y días malos, pero ahora los días se han convertido en momentos. Puede que esté bien a las 10 pero a las 10:30 esté triste, a las 10:45 enfadada y a las 11:00 más contenta que unas castañuelas. La bipolaridad emocional que estamos experimentando es impresionante.

Y digo “estamos” porque , al menos en mi entorno cercano, en cada momento del día nos sentimos de una forma. Pensamos más de lo que deberíamos sobre absolutamente todo: sobre salud, trabajo, dinero, amor, amigos, familia, futuro… y puede que la esperanza de los bonitos encuentros te alegren, pero luego piensas en si trabajarás cuando esto acabe y puedes acabar llorando. 

Un amiga mía hace unos días nos envió un audio llorando, no podía más y decía:
“Es que es super fuerte lo que estamos viviendo. Ha tenido que llegar un bicho para que nos demos cuenta de todo lo que teníamos y no apreciábamos. Una simple cerveza en la Plaça de Dins nos hacía inmensamente felices y ahora mataríamos por poder hacernosla. Vernos, un abrazo o un rato con las amigas y con nuestros tíos, primos, abuelos… Ahora nos da miedo todo y no tenemos nada. Me he pasado una hora llorando de la impotencia”.

Yo me he preguntado muchas cosas estos días. Algunas cuestiones se las habrá hecho la mayoría de la gente. En cambio hay otras que son más profundas. 
 

¿Cuándo se acabará esto? ¿Cómo será mi verano? ¿Cuándo podré estar con mis amigas como antes? ¿Encontraré trabajo en un futuro teniendo en cuenta la gran crisis que nos espera? ¿Algún familiar o amigo se contagiará? ¿Qué forma tendrá la Plaça de Dins en julio? ¿Confiaremos entre nosotros? ¿La gente habrá aprendido algo de estar tanto tiempo encerrado? ¿Será más higiénica? ¿Apreciará más las cosas y a la gente? ¿Cuál habrá sido el origen del coronavirus? Y si  ha sido China ¿Habrá tercera guerra mundial? 

Estas preguntas son muy lejanas, pero hay otras que nos estamos planteando cuya respuesta nos afecta inmediatamente, mañana para ser exactos. Mañana día 2 de mayo podremos salir de casa con una serie de horarios restringidos. 


¿Cómo será eso de encontrarte con alguien y no poderle darle dos besos o un abrazo? ¿Tendremos miedo entre nosotros? ¿Huiremos de nosotros? ¿Irá la gente disfrazada como tocaría en una transición estacional en una situación normal? ¿Llevará todo el mundo mascarilla? Y lo más importante: ¿la gente cumplirá con la normativa? ¿se pondrán las debidas multas por su  incumplimento? 

Mi expectativa es que la gente saldrá más de lo debido, sin respetar la normativa ni las normas de seguridad. Me entristece decirlo, pero viendo cómo se actuó con los niños el pasado domingo no me extrañaría que volviera a pasar. Espero que la realidad sea diferente. 


Mi idea en un principio era ir a la montaña, pero siendo previsible de que puede que vaya mucha gente no iré y me esperaré al lunes. En cambio sí que quiero ir a ver a mi padre y a mi abuela y poder saludarles en persona desde la acera mientras ellos se asoman por el balcón. 

Informativamente se empieza a hablar más sobre la hostelería y la vuelta a la supuesta normalidad. No obstante lo que más me sigue impactando son las noticias internacionales, en especial las que genera el rubiales de Trump.  


En EE. UU. la situación es desorbitada. Trump acusa de nuevo a China de haber creado el coronavirus y no quiere paralizar al país. El presidente en la cuestión: ¿Economía o Salud? ha decidido tirar por la primera de cabeza. 


Mientras tanto, las víctimas mortales superan a las que hubo en la guerra de Vietnam, se encuentran camiones con muertos desintegrándose y la gente se sigue intoxicando por beber lejía. 

En cuanto al final de mi día, por segundo viernes consecutivo no hemos hecho nuestra partida de juego de mesa con cervecita por estar cantando al ritmo de la música que nos proporcionan mediante altavoces nuestros vecinos molones. Cada día están más motivados. No les conozco, pero ahora entran en la lista de gente que más adoro.

Me voy a dormir nerviosa, mañana voy a salir a dar un paseo por primera vez con mi hermana, a ver de nuevo las calles de Alcoy dentro de mi kilómetro. No me lo creo, ¿Cómo será? ¿Qué sentiré?