El tiempo - Tutiempo.net
Alcoi
El temps

El diario de Mireia: Viernes 15 de mayo: Día 62, unión humana sustituida por la polaridad política

Primeres eixides per veure 'els meus'
  • Mucha gente critica al Gobierno, otros lo apoyan, otros critican a los que critican y otros los alaban.
  • Es muy emocionante y a la vez muy triste no poder hacer algo tan simple como dar dos besos. La imagen supera la realidad, ¡Qué raro es esto!

La evolución de mi diario es algo de lo que estoy completamente satisfecha. Empecé escribiendo mi día a día, las cosas que hacía en cada momento y de vez en cuando comentaba la situación de la gente de mi alrededor.

Poco a poco he ido reflexionando más sobre la situación en general, las críticas, el futuro, los sentimientos, las inquietudes, etc y creo que puede llegar a ser mucho más fructífero en un futuro cuando relea mis palabras. Sí, también quiero recordar mi día a día totalmente confinada, pero las actitudes “humanas” es algo que considero importante retratar.

Llevamos dos meses confinados y las actitudes de la gente han cambiado a medida que pasaban los días, las decisiones políticas y la desescalada.

Mucha gente critica al Gobierno, otros lo apoyan, otros critican a los que critican y otros los alaban. La polaridad tanto social como política es evidente y no debemos olvidar que el principal problema es un virus llamado coronavirus.

Los debates entre polos opuestos son necesarios, así como los argumentos que los nutren, pero lo que no puede formar un diálogo es la falta de respeto y responsabilidad.

En estos últimos días se ha podido ver, por ejemplo, caceroladas contra el Gobierno en el barrio Madrileño de Salamanca. Ciudadanos con banderas de España y cacerolas se han manifestado para derrocar al Gobierno del PSOE. Los primeros que se quejaron de la tardía en proclamar el estado de alarma, los últimos en apoyar su prórroga y los primeros en incumplir la distancia de seguridad.

No me gusta hablar de política, y mucho menos sin saber exactamente lo que han dicho los políticos, pero cuando puedo y me apetece lo hago.

Hoy en un grupo de clase, gente de 21 años máximo, ha habido una pequeña disputa. Medio grupo es de derechas y la otra parte de la oposición. La gente de derechas está constantemente enviando publicaciones de medios de comunicación tradicionales poniendo en evidencia los errores del gobierno acompañado de un: “Enserio, estoy flipando”.

Nadie del grupo suele contestar, porque es una muestra de sumisión a la imparcialidad mediática la cual nos están intentando frenar en clase. Desde primero nos están enseñando a leer la misma noticia en medios de diferente ideología para concluir con la máxima objetividad, pero está demostrándose ahora más que nunca que lo que te llama la atención negativamente de la oposición es lo que vale.

La noticia que ha enviado hoy uno de ellos contaba que la policía había entrado en una casa del barrio de Salamanca porque tenían puesto el himno de España. De forma inmediata este chico ha dicho: “Enserio estoy flipando” acompañado de un “las órdenes las da el Gobierno y que hayan hecho eso me parece muy fuerte”.

Pijos y Cayetanos

Como he dicho antes, soy imparcial a la política, no me gusta opinar en ciertas ocasiones porque para mí prevalece la amistad ante el politiqueo, pero los argumentos acusando al contrario sin saber el contexto entero y sin reflexionar desde el otro punto de vista me molesta.

¿Enserio creen que la policía ha entrado a una casa sin permiso para quitar el himno de España por órdenes del Gobierno? Si por esta regla de tres de “querer derribar la cacerolada” hubiese sido, la policía hubiese detenido a todos los manifestantes, ¿ no?

Como venía diciendo, no me gusta entrar en estos temas, pero es inevitable no expresar lo que pienso. La libertad de expresión y de manifestación es lo primordial, en eso estoy de acuerdo. No obstante, las concentraciones masivas insultando al Gobierno y pasando de la distancia de seguridad y las contradicciones políticas no me parecen en absoluto correctas. Asimismo, me parece totalmente inapropiado las acusaciones por parte de la oposición de “pijos” o “cayetanos”.

Claro está que las generalizaciones tanto de un bando como de otro están fuera de lugar, como todo, pero de esta forma se está consiguiendo que a los de derechas les llamen “fachas o pijos irresponsables” y a los de izquierdas “comunistas asesinos”.

Por favor, dejemos de lado un poco, solo un poco (porque es evidente la necesidad política en esta crisis) de lado la política. Se están creando tensiones entre amigos, familiares y vecinos por cuestiones que ahora no prevalecen tanto como la propia salud de todo el mundo. Al principio de esto decía que esto parecía una guerra por el estado de alarma, pero ahora lo corroboro con la separación entre hermanos como en la Guerra Civil.

Acabando ya con mi poco común reflexión voy a contar algo sobre mi día.

Esta semana hago el primero y el despertador de las cinco me quita las ganas de abrir los ojos, pero pienso que es viernes y… bah da igual, sigo sin tener ganas de despertarme. La mañana pasa bastante rápido, sobre todo por la coca de una panadería de Muro que ha traído una de nosotras, Inma, porque era su cumpleaños. El sabor a chocolate ha sido el aliado perfecto para ver pasar las últimas cuatro horas como un cohete.

Llegamos a casa y la lluvia que cae es increíble. Antes pensaba que era mejor que lloviese, porque total no podía salir de casa, pero ahora mis sentimientos se contradicen. Mañana tenemos una reserva en la Plaça de Dins y si continúa el tiempo así no sé cómo se producirá el encuentro entre amigas.

La hora de las ocho cada vez se va desganando. La música en mi calle continúa, pero mientras el ruido decae. Ya es casi imposible escuchar el murmullo de las palmas. Ni siquiera la vecina que se despedía ha salido.

Ante este declive sonoro nosotras decidimos ser el bajo murmullo que continúa con la iniciativa. Es por ello que aplaudimos y nos entramos a casa, nos vestimos y decidimos ir a casa de mis tíos. 

¡Qué raro es esto!

Llamamos al timbre de casa de mis tíos Expósito, entramos al recibidor y nos ponemos el alcohol que tenían preparado para las visitas. Subimos las escaleras y mientras mi tía, mi tío y mi prima con las mascarillas puestas ven como subimos. Mis tíos saludan y Cris se queda callada, lo previsible por tener sangre Expósito se hace evidente: no puede contener las lágrimas y nos contagia las ganas de llorar a mi madre y a mí. Es muy emocionante y a la vez muy triste no poder hacer algo tan simple como dar dos besos. La imagen supera la realidad, ¡Qué raro es esto!

Entramos al comedor y nos sentamos totalmente separados, una familia en un sillón y la otra en otro. No nos quitamos la mascarilla en ningún momento hasta que mi tío decide preparar un vermut para no perder su esencia de detallista cocinero. Vamos a la cocina Lau y yo, siempre nos ha gustado ver como corta el embutido mientras nos cuenta los secretos de los ibéricos y del alfiler de los cuchillos. Mientras, mi prima prepara dos platos de papas diferentes (uno para cada tres) y mi tío corta chorizo, salchichón y tocino y los pone en platos separados. Compartir platos sería cortar con todas las medidas que estamos optando hasta entonces.

Una vez preparados los platos los llevamos al comedor y nos quitamos las mascarillas. Hasta que no hagan mascarillas por donde pueda traspasar la comida no podemos llevarla mientras comemos y bebemos. No obstante, una vez acabado los platos nos las volvemos a poner.

Se hace tarde y nos vamos a casa. Me acuesto pensando en que he tachado el segundo de los cinco reencuentros.

-Mi padre, reencontrado.

-Mis tíos Expósito, reencontrados (a falta de mi primo y su novia)

Ahora solo queda la familia Martí, mis amigas y mis amigos, ¿Cuál será el próximo en poder tachar?