Insurrección: la historia ilustrada de la revuelta obrera del Petroli de 1873 en Alcoy
- Tomando como hilos conductores a un médico burgués que empatiza con los obreros y a la viuda de uno de los trabajadores muertos, narra la sublevación obrera motivada por la Internacional, los sangrientos sucesos de julio de 1873 y el posterior proceso judicial
Silenciar la historia para evitar que se repita. Esa parece ser la intención clara y clásica de quienes han controlado los relatos sobre los hechos que cambiaron las relaciones laborales del mundo a finales del siglo XIX y que fueron posibles gracias a la revuelta de los trabajadores de Alcoy y comarca en julio de 1873. La crisis obrera del Petroli fue sangrienta y terminó con la muerte del alcalde —Pelletes— y de otras 16 personas, en su mayoría policías y políticos. ‘El Petroli’ cambió el mundo entero y Jordi Peidro, con el asesoramiento de Diego Fernández, lo ha contado en un libro ilustrado: Insurrección.
Jordi Peidro lo ha vuelto a hacer. Ha tomado un momento, un personaje o un suceso de nuestra historia y lo ha transformado —como él mismo dice— en un “tebeo”. En esta ocasión, apoyado documentalmente por el profesor Diego Fernández y en la ilustración por su hijo Alejandro, reconstruye los días previos, posteriores y centrales de la revuelta del Petroli.
El libro se titula Insurrección y, tomando como hilos conductores a un médico burgués que empatiza con los obreros y a la viuda de uno de los trabajadores muertos, narra la sublevación obrera motivada por la Internacional, los sangrientos sucesos de julio de 1873 y el posterior proceso judicial, que concluiría con la absolución de todos los detenidos casi 15 años después.
La obra ha sido presentada en el salón de grados del Campus de Alcoy de la UPV, donde Peidro suele dar a conocer sus últimos trabajos.
Además, Peidro ha anunciado que ya trabaja en un nuevo libro, esta vez basado en la historia de un niño que cayó en gracia a un nazi y que logró sobrevivir a los campos de concentración. Un tema que Jordi conoce bien, pues también ilustró la biografía de Paco Aura a partir del libro y la investigación de los profesores Paco Blay, Ángel Beneito y Natxo Lara.
La crisis del Petroli
Julio de 1873. Alcoy y comarca eran un centro neurálgico de la producción textil mundial. Miles de obreros, obreras y niños trabajaban más de 12 horas diarias en condiciones insalubres, con derechos mínimos y salarios desiguales. La distancia social entre trabajadores y patronos era máxima. Los primeros vivían hacinados en “latas de sardinas” (casas de cuatro llaves), familias enteras en una sola habitación. Los niños también trabajaban. En el otro lado, la patronal, los señoritos y una corporación municipal liderada por Agustín Albors, claramente alineado con los empresarios. La distancia social era insalvable: a pocos metros unos de otros, unos eran muy pobres y otros muy ricos. Eran los años de esplendor del Cercle Industrial.
Los miles de obreros encontraban amparo en la Internacional, que en Alcoy tenía sede permanente, fondos propios y una gran organización. Las huelgas se sucedían mientras morían trabajadores y los ricos eran cada vez más ricos. La tensión creció y el pueblo se concentró en la plaza para reclamar mejores condiciones. El alcalde Albors, el famoso Pelletes, se resistió a las peticiones de los trabajadores —encabezados por Severino Albarracín— y llamó al ejército que avanzaba hacia Alcoy. Pero efectuó un disparo al aire y los guardias municipales (que horas después serían ajusticiados por el pueblo) interpretaron el tiro como una orden de abrir fuego desde el campanario contra la multitud indefensa que ocupaba la “bandeja”. Caos y muerte, seguidos de horas de ira y persecución.
Los obreros incendiaron las casas colindantes al Ayuntamiento para impedir que el alcalde escapara por las azoteas o perforando paredes, y finalmente fue abatido a tiros y arrastrado desde la calle San Lorenzo hasta la plaza para que el pueblo tomara conciencia de lo ocurrido.
A partir de ahí, el ejército llegó a Alcoy con la promesa de pactar y no represaliar. Pero la noticia de la revuelta del Petroli fue portada en la prensa de todo el mundo. Y eso lo cambió todo. La versión manipulada de los hechos —favorable a los empresarios— provocó una oleada de miedo en las grandes zonas obreras de Inglaterra y Cataluña. Para evitar que se repitieran, se activó la represión: más de 300 detenidos fueron enviados al castillo de Santa Bárbara, en Alicante, donde permanecieron 14 años.
El macrojuicio —uno de los más largos y densos de la historia jurídica— no obtuvo sentencia porque no existían pruebas claras sobre quién había dirigido la revuelta. La solución fue mantenerlos 14 años en prisión preventiva y, finalmente, absolverlos.
Aquellos hechos cambiaron el mundo laboral y también la propia Alcoy, que pasó de ser un pueblo de obreros que vivían en condiciones infrahumanas a una ciudad con ejército permanente, un banco (Monte de Piedad), viviendas sociales y muchos otros avances sobre todo sociales.




















