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Article d'opinió de Hindu Mohamed i Neus Jordà,

Hindu Mohamed i Neus Jordà

La no despedida

Mientras el Covid-19 azota al mundo, los campamentos de refugiados saharauis, se preparan para los posibles casos de coronavirus y hacen su propia cu…

Mientras el Covid-19 azota al mundo, los campamentos de refugiados saharauis, se preparan para los posibles casos de coronavirus y hacen su propia cuarentena en el desierto más inhóspito del mundo, el desierto del Sáhara. Gracias a todas las precauciones que se han llevado a cabo, los campamentos siguen hasta el momento libres de este virus.

Los familiares de las víctimas del virus, no han podido despedirse de su familia y sentirse arropados dándoles una despedida como se merecían. Pero la pandemia, no sólo ha afectado a las víctimas directas del Covid-19, sino a todos aquellos que han perdido a alguien durante este tiempo oscuro. También ha parado en seco las vidas de las personas que vivimos a kilómetros de distancia de nuestras familias. Es por ello, que nos sentimos identificados con las familias españolas que no han podido dar su último adiós a los suyos, éste es mi caso. Gracias al programa Vacaciones en Paz, donde los niños venimos a pasar el verano con familias españolas, vine a España, y  con el paso del tiempo me quedé a vivir aquí, en este país que me acogió de niña, yendo a visitar a mi familia biológica siempre que podía, a reencontrarme con mis raíces. Pero esta vez, quizás la más importante de todas, el regreso no fue posible.

Mi padre estaba gravemente enfermo y falleció durante esta crisis sanitaria, que no sólo se convierte en una crisis sanitaria, sino también social y humanitaria. Comparto con ellos el dolor de no poder despedirme de mi padre, me queda esta espinita clavada en el pecho.

Hoy más que nunca, somos uno. Que nuestras estrellas brillen más que nunca en el cielo y que nos guíen en este camino llamado: vida.

Pues el dolor ante la muerte no entiende de territorios ni banderas. Un dolor que traspasa lugares y tiempos, un dolor inevitable. Aun así, no es lo mismo vivir la muerte y su dolor en tiempos de normalidad, que en tiempos de coronavirus. En estos tiempos, se dice adiós desde un móvil, sin coger la mano,  sin lágrimas presenciales. Se dice adiós con la frialdad de las pantallas, y sin la calidez de los abrazos. Se dice adiós sin decirlo, muchas veces, con kilómetros de distancia de por medio. El duelo no es una enfermedad, si no un ajuste necesario de nuestra psique, para elaborar la realidad de la pérdida. Y en tiempos de coronavirus, la realidad de esta pérdida queda escondida en féretros precintados, en velatorios vacíos. Aceptar que el otro se ha ido, es menos costoso cuando podemos acompañarle, de una forma u otra, en su partida. En tiempos de coronavirus, esto no es posible. Por eso es importante, aprender a encontrar los recursos, la manera, de hacer real nuestra despedida, de volverla auténtica, visible, más allá de nuestros pensamientos en bucle, que nos llevan a cuestionarnos una y otra vez, que pudimos haber hecho mejor. Escribirle una carta, encender una vela ante su fotografía; dibujar nuestra relación, darle vida a través de la creatividad, asociarla a un símbolo que nos conecte; enterrar una cajita llena de pequeños símbolos, fotos, o recuerdos, dejando sentir el dolor que nace de nosotros. Plantar un árbol en su recuerdo, como una forma de decirnos que, todo en el mundo, incluso la propia vida, es un ciclo de crecimiento y muerte, cambio y evolución constantes, y que nosotros, somos la tierra fértil para a aquellos que vendrán. Rendir homenaje desde la intimidad. O haciendo público el dolor a través de redes y palabras lanzadas al mundo. Todo lo que sirva para dejar fluir la tristeza que nos embarga, y que nos conceda el consuelo del sostén de los demás, aunque estén lejos. Porque todo ello es aprender a decir adiós sin el privilegio de hacerlo. Todo ello es aprender a despedirnos en tiempos de coronavirus, en tiempos de la no despedida.
 
H. Mohamed
Neus Jordà (Psicóloga)