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Article d'opinió de Ana Peris, responsable de l'Àrea de Feminisme i LGTB+ de Podem Alcoi

Ana Peris

Las argentinas del pañuelo verde

El aborto clandestino ha sido, precisamente, la mayor causa de muerte en Argentina en las últimas décadas. No obstante, no ha supuesto titubeos para 38 integrantes de su senado que han manifestado, en forma de voto, su deseo de que las mujeres sigan muriendo en la clandestinidad.

Con su voto, han elegido que las mujeres sean condenadas hasta a 4 años de cárcel si se atreven a abortar. Han expresado también, implícitamente, su deseo de que la maternidad pueda ser un castigo para las madres. O que la gestación en sí ejerza de castigo. Ese empeño en castigar a las mujeres por sus embarazos lanza el claro mensaje de que somos las únicas responsables de ellos. Y no sólo eso.

A esas 38 personas y a todas las que comparten su criterio, no les importan las mujeres. No les importa nuestra salud, nuestras vidas, nuestras necesidades. No les conmueve nuestra felicidad o nuestra desdicha. No les interesan nuestros deseos, qué pensamos o cómo nos sentimos. Como seres humanos, no tenemos más valor que una maceta. A veces, me asombra comprobar cuánto nos detestan.

El lenguaje es un arma. Un arma bellísima y compleja que nos permite representar el mundo, y que también contribuye a configurarlo. Por ello, me niego, como mucha gente, a llamar pro-vida a quienes, precisamente, promueven la muerte. Podríamos elegir muchos nombres y apelativos, pero lo que es seguro es que no son pro vida. No son pro nada en concreto. Más bien son anti todo. Son anti vida. Son anti libertad. Son anti mujeres, en general, y anti mujeres pobres, en particular. Son anti maternidad (que no la he vivido, pero creo que ésta debe ser cualquier cosa menos un castigo aleccionador). En España, el tan titulado Pablo Casado ya nos ha amenazado con su intención de regresar a la ley de supuestos del 85. ¡Del 85! Son anti progreso, y eso es ser anti vida, en esencia. Porque la vida es evolución.

Las verdaderas defensoras de la vida son esas mujeres del pañuelo verde que han aireado por toda Argentina su libertad y su afán de cambiar el mundo. Ésas que luchan por tener un aborto libre, seguro y gratuito para ellas y para las que vendrán, por las que son y por las que fueron y ya no están. He llorado muchas veces al verlas en la pantalla. He llorado, sobre todo, de orgullo.

Argentina tenía la posibilidad de dar un gran paso legalmente. No ha sido ley, pero el paso en las mentalidades sí lo ha dado. Hay una demanda explícita, así que no digo nada nuevo si afirmo que la resolución del senado sólo es un “todavía no”. Las mujeres avanzamos y el mundo se ve obligado a seguirnos. Será ley, de eso no hay duda, antes o después. En Argentina y, poco a poco, en todo el planeta. El derecho de las mujeres a decidir sobre nuestros propios cuerpos será incuestionable en el futuro, para vergüenza de quienes ahora vacilan al respecto. La cuestión es ¿cuántas mujeres va a costar?

A miles de kilómetros de distancia, un montón de mujeres y de hombres, estamos con las argentinas del pañuelo verde. Fuerza, compañeras. Haréis que sea ley.