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Lo que te dices a ti mismo

  • También están los ratos en que ejercemos como duros jefes autoritarios hacia nuestra propia persona: “tienes que hacer esto preciso y si no te agobias un montón y no tienes perdón”, “tienes que tenerlo todo ordenado, limpio e impoluto, si no, eres un desastre”.

¡Ay, qué importante es el lenguaje! Las palabras que escuchamos, desde que somos pequeños, van calando en nosotros, conformando nuestro ser, nuestra identidad, nuestros estados de ánimo, nuestras actitudes, nuestras creencias, nuestros valores, nuestras motivaciones, y en general, todo lo que somos. Estos mensajes, nos llegan desde un montón de fuentes diversas: la familia, los amigos, nuestros superiores, los desconocidos, las redes, los medios de comunicación… y ¡Atención! Desde nosotros mismos.

 

Nos pasamos todo el día pensando, de manera tan rápida y automática, que apenas somos conscientes de todos los mensajes que nos decimos y nos escuchamos a nosotros mismos. Pensamos sin darnos cuenta mientras conducimos, mientras limpiamos, incluso a veces mientras otras personas nos están hablando. Nuestra mente es un sin parar de planificar, prever, adivinar, catalogar, etiquetar y juzgar ¡Sin descanso!

Y, me estoy dando cuenta, tanto en los pacientes que llegan a mi consulta, como en las personas que me rodean, que gran parte de estos mensajes que nos damos, son altamente dañinos para nuestro equilibrio y nuestra salud emocional. En diversas ocasiones, jugamos a ser adivinos: “seguro que esto no me sale bien”, “no seré capaz de lograrlo”, “se torcerá”, “si rompo mi relación no volveré a estar con nadie”… Creando así en nosotros mismos un estado de alerta, y pesimismo, un sufrimiento inútil de pérdida que aún no ha ocurrido.

En otros momentos, actuamos como adivinador es del pensamiento: “se enfadarán”, “no les parecerá bien”, “pensarán de mí que soy…” Igualmente, entramos así en una incertidumbre, y un estado de defensa que daña nuestro cuerpo que se tensa y nuestra salud.

También hay veces en que somos duros jueces de nosotros mismos: “qué idiota soy por este error”, “no me lo perdono”, “no me lo merezco”… dando un gran hachazo completamente irreal a nuestra autoestima.

También están los ratos en que ejercemos como duros jefes autoritarios hacia nuestra propia persona: “tienes que hacer esto preciso y si no te agobias un montón y no tienes perdón”, “tienes que tenerlo todo ordenado, limpio e impoluto, si no, eres un desastre”.

Todos estos mensajes inconscientes, son una de las causas más claras y comunes de la falta de autoestima, de la ansiedad, de la depresión, miedo, angustia, estrés y muchas otras patologías tanto físicas como mentales.

Es crucial que aprendamos a hablar con nosotros mismos, a ser nuestros mejores amigos, a ser empáticos, tolerantes e indulgentes con nuestra persona. Para ello, y como ocurre con todo, podemos entrenar poco a poco nuestra mente para lograr mensajes realistas, pero a la vez positivos que fomenten nuestro equilibrio emocional. En este sentido, la terapia cognitivo conductual, es eficaz, rápida y muy sencilla con pequeñas pautas para lograrlo, y suele comenzar con una simple pregunta: ¿En la misma situación, a tu mejor amig@ le hablarías así? ¿Qué le dirías? ¿Y sentirías esas palabras de corazón?

Vale la pena comenzar ese empujón con el entrenamiento de las palabras que nos dedicamos. ¡Yo te espero para ayudarte!

Y tú, ¿Cómo te hablas a ti mism@?

Macrina Soler

Tel. 675956383/ masolbre@hotmail.com