El tiempo - Tutiempo.net
Alcoi
El tiempo

La magia de la Navidad en Alcoy: Cuando los Reyes Magos te llaman por tu nombre

Descubre cómo se vive la Navidad en la ciudad con la Cabalgata más antigua de España: Alcoy. Un escenario único donde la magia no se fabrica, se respira. Déjate cautivar por el ingenio del Tirisiti, la tradición de la Cena del Pobre y la emoción de una Trilogía Navideña que mantiene viva la ilusión desde el siglo XIX.

En Alcoy late el corazón auténtico de la Navidad, un refugio donde la magia no se fabrica, se respira. Mientras el mundo entero se viste de fiesta, aquí el Nadal Alcoià brilla con una luz distinta: no es solo una fecha en el calendario, sino una temporada cultural vibrante, una ola de emoción que transforma la ciudad en un escenario lleno de vida. Por algo Alcoy es la Ciutat del Nadal . Reconocida como Fiesta de Interés Turístico Nacional, esta celebración guarda un tesoro único: su Trilogía Navideña (Pastoretes, Bando y Cabalgata), una tradición cuidada con pasión desde el siglo XIX. 

El Belén de Tirisiti: El guardián de la tradición

Mucho antes de que los Reyes Magos perfilen el horizonte, la Navidad en Alcoy tiene un dueño indiscutible: Tirisiti. No estamos hablando simplemente de un teatro de marionetas; el Belén de Tirisiti es una joya cultural declarada Bien de Interés Cultural (BIC) y una experiencia que todo alcoyano lleva imprenta en su memoria sentimental. Es el prólogo necesario, el motor que arranca la maquinaria de la ilusión en la ciudad.

Lo que hace a este Belén algo extraordinario no es solo su antigüedad (sus orígenes se remontan al siglo XIX), sino su mecánica y su alma. A diferencia de los títeres que cuelgan de hilos, los personajes de Tirisiti se mueven mediante la técnica de "pie y varilla". Los muñecos se desplazan por guías ocultas en el suelo del escenario, lo que les da un movimiento característico y ágil, casi como si patinaran por las tablas.

Belén de Tirisiti

Pero si cierras los ojos, lo reconocerás al instante por su voz. Tirisiti no habla como nosotros, se comunica con un lenguaje vibrante, agudo y muy particular. El actor que le da vida utiliza en la boca un pequeño instrumento metálico llamado lengüeta. Es un sonido que quizás hayas escuchado alguna vez en el centro de grandes ciudades como Madrid, usado por vendedores ambulantes para llamar la atención con silbidos curiosos. Sin embargo, en Alcoy, ese sonido deja de ser un reclamo callejero para convertirse en la voz de nuestro protagonista, un idioma propio que todos los niños de la ciudad entienden a la perfección.

Su verdadera magia reside en su guion, una mezcla audaz donde lo sagrado se da la mano con lo profano. Esta dualidad se refleja incluso en el idioma: la narración de la Historia Sagrada mantiene un castellano solemne, mientras que la chispa de los diálogos y las divertidas interpelaciones al público fluyen en valenciano. En el escenario conviven el nacimiento de Jesús y la Adoración de los Reyes con escenas costumbristas y chismes locales. Tirisiti, el ventero protagonista, es un personaje un poco vago y chismoso que, desde su ventana, narra lo que pasa con una gracia única. Junto a él siempre está Tereseta, su mujer, que intenta poner orden, el Abuelo cascarrabias o el torero Clásico.

Preparación del Belén de Tirisiti

Lo más divertido es que, aunque la historia del Belén es siempre la misma, el guion se actualiza con bromas sobre las noticias del momento, las obras de la ciudad, la política o las anécdotas del año. Así, Tirisiti se convierte en el cronista más querido y burlón de Alcoy, capaz de hacer reír a los mayores con un chiste de actualidad mientras los niños alucinan con los movimientos de los muñecos.

Este teatro no es solo un entretenimiento infantil, es un termómetro de la Navidad en la ciudad. Cada año, las cifras de asistencia demuestran que el Tirisiti es un fenómeno, llegando a marcar un hito absoluto en la campaña 2024-2025 con un récord de 32.740 espectadores. No solo van los colegios, van familias enteras, grupos de amigos y turistas que no quieren perderse esta rareza. Es tal la demanda que el sistema de venta de entradas se convierte en el primer gran evento de las fiestas navideñas, colgando el cartel de 'todo vendido' en tiempo récord.

La cena del pobre: la víspera gastronómica antes de la suerte

Justo cuando el resto de España se va a la cama con los nervios de punta esperando el sorteo de la Lotería de Navidad, Alcoy hace algo diferente: sentarse a la mesa. Mientras los demás sueñan con números y millones, aquí celebramos el "Sopar del pobre" (Cena del pobre).

Cena del pobre en Alcoy

Para entender el motivo de esta cena, hay que viajar atrás en el tiempo, al Alcoy industrial de mediados del XX. El origen de esta costumbre es una mezcla de superstición, humor y esperanza. La idea era muy simple: esta es la última noche que somos pobres.

Los alcoyanos pensaron que la mejor forma de llamar a la suerte del sorteo del día 22 de diciembre era "tocar fondo" gastronómicamente la noche anterior. Era un ritual irónico: cenamos lo más barato y humilde que existe (pimientos,sardinas y huevos fritos) para demostrarle al destino que estamos listos para recibir la lluvia de millones del día siguiente. 

Al final, la verdadera riqueza de esta noche no se mide en euros, sino en compañía. Desde el comedor de casa hasta el bullicio de bares, restaurantes y filaes, Alcoy se sienta a la mesa para celebrar la amistad. Es el momento de repartir los últimos décimos de lotería, de soñar en cómo gastaremos ese dinero que aún no tenemos y de alzar las copas para confirmar lo que todos sentimos: la Navidad en Alcoy ya está aquí.

Un menú sagrado sin lujos ni etiquetas

En esta noche tan especial, olvídate de los langostinos caros, el jamón de etiqueta negra o los asados complicados. Aquí el protocolo se rompe y el lujo está estrictamente prohibido. El menú es sagrado por su sencillez, un homenaje directo a la cocina de nuestros abuelos y a los sabores de la tierra.

Lo que manda en la mesa es la humildad: sardinas saladas de bota, huevos fritos y pimiento verde. Incluso algunos se atreven a convertirlo en más alcoyano todavía añadiendo la joya de nuestra gastronomía: la pericana. Ese plato tan nuestro, mezcla de pimientos secos, capellans y un buen aceite de oliva. Es una cena que huele a tradición y sabe a memoria.

La Trilogía Navideña: un guion mágico en tres actos

Para entender la Navidad en Alcoy no basta con mirar el calendario; hay que entender su narrativa. Aquí las fiestas no son eventos sueltos, son los capítulos de una historia perfectamente hilada que llamamos la Trilogía Navideña. Este concepto define la sucesión cronológica de los tres grandes actos: Les Pastoretes, el Bando Real y la Cabalgata.

Es una estructura teatral que convierte a la ciudad en un escenario ininterrumpido. No es casualidad ni improvisación, es una herencia cultural que se ha mantenido fiel a su esencia durante más de un siglo.

Primero llegan los pastores para anunciar la buena nueva (Pastoretes), después llega el Embajador para anunciar la llegada de los monarcas y recoger los encargos (Bando); y finalmente, hacen su entrada triunfal los Reyes Magos (Cabalgata). Es un crescendo de emociones diseñado para que, cuando llegue la noche del 5 de enero, la ilusión se haya desbordado por completo.

Primer acto. Les Pastoretes y la inocencia en la calle

 

Si el Sopar del Pobre calienta el ambiente, Les Pastoretes es el pistoletazo de salida oficial. La mañana alcoyana se despierta distinta para celebrar el Primer Acto de la Trilogía, una joya histórica que se celebra en nuestras calles desde 1889. Pero no es solo una fiesta antigua; el acto ostenta la máxima protección patrimonial al estar catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC).

Esta distinción de BIC marca con rigor su fecha de celebración: debe ser "la mañana del domingo o del día festivo anterior al 5 de enero". Sin embargo, la tradición está viva y busca protegerse a sí misma. Dado que esta norma provoca que a veces coincida con días complicados como el 1 de enero, el 31 de diciembre o incluso el día 4 (solapándose con el Bando), las entidades que dan vida al acto han solicitado al Ayuntamiento que gestione con la Generalitat excepciones para evitar estas fechas y garantizar así el esplendor que el desfile merece.

Más allá del calendario, este desfile matinal, solar y alegre sigue manteniendo intacta su esencia. Es una cabalgata infantil donde los protagonistas son un numeroso grupo de niños y niñas vestidos con la indumentaria de pastores. Cuidada hasta el último detalle, la ropa refleja fielmente cómo vestía la gente humilde en estas montañas en la época en que nació la tradición.

Verlos bajar por la calle de San Nicoláu es abrir una ventana directa al pasado. No solo caminan, la calle cobra vida con els Pastorets i les Pastoretes bailando al sonido de los tabales y de las dulzainas, una melodía que nos conecta con nuestras raíces. Desfilan sobre carros engalanados y caminan acompañados de sus rebaños reales para dirigirse al establo, situado en la Plaza de España.

Allí les espera la Sagrada Familia. El momento cumbre llega cuando los pequeños ofrecen sus regalos (huevos, pan, dulces) al Niño Jesús. Es un acto de una ternura desbordante que sirve para recordarnos de qué va todo esto: de la inocencia, de la generosidad y de la espera de la gran noche que está por llegar.

Ofrenda de los

 

Segundo acto. La cuenta atrás: del Bando a las montañas 

 

El día 4 de enero la atmósfera en Alcoy cambia por completo. Ya no es solo fiesta; es la víspera de la noche más grande. Al caer la tarde, comienza el Segundo Acto de la Trilogía con el Bando Real. Las luces del centro se atenúan y las calles se llenan de niños con la cara iluminada. En sus ojos se mezcla la ilusión desbordante con el temor inocente de quien repasa mentalmente, a última hora, si se ha portado lo suficientemente bien como para merecer lo que pide.

Con esa tensión alegre en el ambiente, los niños esperan impacientes para tirar la carta a los Reyes Magos. Hasta que el se escucha al fondo el sonido de las primeras sirenas de la policía. Al vislumbrar las luces azules al fondo de la calle, el murmullo se hace unánime: “ja venen” (ya vienen).

La comitiva está encabezada por el Tío Piam, una figura que homenajea al hombre que, a mediados del siglo XIX, recorría la ciudad avisando a los niños de la inminente llegada de Sus Majestades. Tras él, la fiesta inunda las calles con bailes populares y la música tradicional, combinando el sonido de dulzainas y tabales con el rítmico rasgueo de las botellas de anís. Entre el bullicio destaca otro personaje muy querido: 'L’Agüelo'. Es un señor con fama de malhumorado que interactúa con el público y reacciona a las provocaciones de los niños, que le cantan a pleno pulmón la tradicional burla: “Abuelo xixero, cara de puchero”.

Detrás, en su carroza, el Embajador de Sus Majestades toma la palabra para declamar una pieza literaria única: el Bando. Con voz solemne, se dirige a todo el pueblo, pero muy especialmente a los verdaderos protagonistas, los “Xiquets i xiquetes d’Alcoi” (Niños y niñas de Alcoy), para darles la noticia más esperada del año: los Reyes Magos ya han llegado a la Sierra de Mariola y se preparan para entrar en la ciudad.

Embajador real leyendo el bando

Aunque la figura del Embajador es imponente, las miradas de los más pequeños no están puestas en él, sino en lo que viene detrás. Son unas entrañables burritas que cargan sobre sus lomos unos grandes buzones de madera. Es el acto popularmente conocido como "La Burreta". 

Junto a ellas aparecen por primera vez los pajes, un anticipo mágico de la gran Cabalgata. Estos ayudantes, llevan un atuendo negro pulcro que se rompe con el rojo intenso de su faja y gorro (fez), y lo más característico: la cara totalmente pintada de negro y los labios de un rojo muy intenso y grueso que les otorgan una apariencia exótica y misteriosa. Tienen la misión de guiar a las burritas y ayudar a los niños a introducir sus cartas, para que no se pierda ninguna. Convirtiéndose en el primer contacto real y tangible entre los más pequeños y los Reyes Magos.

En Alcoy, la entrega de la carta tiene su propio protocolo. Aquí no se echa en un buzón de Correos cualquiera semanas antes. La tradición manda entregarla en mano, la noche del 4 de enero, dentro de unos buzones que portan las burritas. Es un momento de nervios y emoción incontenible. Miles de niños esperan en las aceras apretando sus sobres contra el pecho. Al paso de la comitiva, los padres junto a los pequeños se acercan para que sean los mismos niños quienes introduzcan sus deseos en los buzones de madera. También es tradición ver cartas gigantes compartidas por grupos de amigos adolescentes, que las entregan dejándolas directamente dentro de la carroza.

Niños tirando la carta a los Reyes Magos a la burrita

El camino de vuelta a casa tiene algo especial: se pueden ver las antorchas encendidas en la montaña, bajo el Preventorio. Es la señal de que el Campamento Real ya está instalado y Sus Majestades preparadas para el gran día. Con esa imagen, los más pequeños se van a la cama nerviosos pero a la vez tranquilos, sabiendo que sus cartas viajan directas a manos de Melchor, Gaspar y Baltasar para ser leídas sin descanso esa noche.

El Campamento Real: donde se preparan los Reyes

 

¿Y dónde van a parar todas esas cartas que se recogen la noche del 4 de enero? La respuesta se hace visible apenas unas horas después, cuando amanece el día 5. Desde el año 2016, la ciudad ha abierto una ventana excepcional a la intimidad de los Monarcas: el Campamento Real. Ubicado en la zona del Preventorio, en plena naturaleza de la Sierra de Mariola, es el lugar físico donde descansa el séquito real tras su largo viaje y antes de la Cabalgata.

La visita al Campamento Real cierra el círculo de la noche anterior y se ha convertido en una excursión imprescindible. El acceso tiene su propio encanto: miles de personas suben en los autobuses lanzadera o a pie, haciendo una pequeña ruta senderista entre pinos. Al llegar, el ambiente es único: el frío de la montaña se mezcla con el calor de la ilusión de los niños al descubrir el escondite de los reyes.

El escribá de los Reyes Magos leyendo las cartas

Allí, entre las jaimas, los visitantes son testigos de una actividad frenética. Lo más impactante es la zona de los Escribas Reales. Es una escena que da sentido a todo: los niños pueden ver a los ayudantes leyendo y clasificando en grandes sacos las mismas cartas que las burritas recogieron en el Bando unas horas antes. Es la prueba definitiva de que sus deseos han llegado a buen puerto.

Pero la visita guarda más secretos. El recorrido permite observar la zona de paquetería, donde se ultiman los regalos, y ver a los camellos descansando plácidamente antes de la dura jornada. Sin embargo, el ambiente cambia al pasar junto a las jaimas principales: el paso se vuelve casi reverencial.

Allí duermen Melchor, Gaspar y Baltasar. Es conmovedor ver cómo los más pequeños, conscientes de que sus Majestades están a escasos metros, contienen su emoción y bajan la voz para dejarles guardar fuerzas de cara a la noche más larga del año. Es la confirmación visual y definitiva de que la maquinaria de la ilusión funciona a pleno rendimiento y de que todo está listo para la entrada triunfal de la tarde.

Sin embargo, acceder a este recinto mágico es un privilegio limitado. El aforo está restringido y no todos los niños pueden subir. Se realiza un sorteo previo entre las solicitudes recibidas para asignar las 4.400 entradas disponibles al Campamento Real. En 2025, la expectación ha vuelto a ser altísima: se han solicitado un total de 10.343 accesos. Un detalle importante es que Sus Majestades decidieron que cada euro recaudado con estas entradas se destinará íntegramente al centro educativo Tomás Llàcer.

Tercer acto. La noche más mágica, la Cabalgata de Reyes Magos

 

Y llega el momento cumbre. La noche en la que Alcoy se convierte en el centro del mundo navideño. La Cabalgata de Alcoy es la más antigua de España y, probablemente, del mundo. Documentada de forma ininterrumpida desde 1885, pero con raíces más profundas al celebrarse por primera vez, en 1866. Aquella experiencia pionera plantó la semilla que, años más tarde, germinaría definitivamente gracias a la iniciativa de la sociedad recreativa 'El Panerot'. Ellos decidieron organizar el desfile para llevar la ilusión a la calle. Transformando lo que era un acto benéfico en una tradición eterna que no es una pieza de museo, sino un espectáculo vivo, vibrante y masivo.

Para entender lo que ocurre en estas calles, las cifras ayudan, pero se quedan cortas para explicar el ambiente. Más de 1.200 personas hacen posible la cabalgata: 205 personas forman el séquito real, 430 músicos, 350 personas simulan el pueblo tradicional, 250 bailarines y más de 30 antorcheros que no pertenecen al séquito. Es un desfile de recorrido intenso y constante que dura cerca de cuatro horas.

Todo este despliegue humano se pone en marcha con el inicio de la cabalgata a las 18:00 desde la zona alta de la ciudad. La comitiva inicia su descenso por la Avenida de Elche y la calle El Camí, adentrándose en el corazón del casco histórico a través de Sant Nicolau hasta desembocar en la Plaza de España. Allí, sobre las 20:00, el desfile se detiene para dar paso a la Adoración. Tras el solemne paréntesis de la Adoración, la marcha se reanuda por la calle Sant Llorenç hasta desembocar en la amplitud de la Avenida del País Valencià, donde finaliza alrededor de las 22:00.

 

 

Durante toda la cabalgata, el aire se impregna de melodías y olor a antorcha. Los camellos avanzan con paso firme manteniendo esa peculiar cara de orgullo mientras miles de niños suben a besar a sus Reyes favoritos. A su alrededor, la acción la ponen los pajes. Centenares de ayudantes que, cargados con pesados paquetes y sus icónicas escaleras rojas de madera, rompen la barrera entre el espectáculo y el público. Ellos no desfilan a lo lejos, interactúan. Trepan a las casas para entregar los regalos, bajan y corren hacia el siguiente balcón para asegurar que todos los niños disfruten de lo que pidieron en su carta la noche anterior. Pero la prisa no borra la magia,  siempre encuentran un segundo para sorprender a los pequeños, que les observan atónitos, llamándolos por su nombre. Demostrando que para ellos ningún niño es un desconocido y que han estado muy atentos a su comportamiento durante todo el año.

Pajes subiendo regalos a los niños por la escala durante la cabalgata de los Reyes Magos de Alcoy

Si la subida de los pajes es el caos alegre, la Adoración es la paz solemne. Al llegar a la Plaza de España, el desfile se detiene. Los tres Reyes Magos bajan de sus camellos y caminan humildemente hacia el Nacimiento instalado en el centro de la plaza.

En ese instante, el alumbrado de la ciudad se apaga por completo para que empiece la Adoración. La plaza queda en penumbra, iluminada únicamente por unos focos que siguen a los Monarcas mientras recorren los últimos metros para adorar al Niño Jesús. De fondo, el majestuoso 'Mesías' de Händel retumba a todo volumen, fundiéndose con el repique de las campanas y unos impresionantes fuegos artificiales que estallan tras el campanario de la icónica iglesia de Santa María. Es un momento de piel de gallina que resume, en unos minutos de intensidad brutal, por qué Alcoy es la Ciudad de la Navidad. Tras la ofrenda de oro, incienso y mirra, los Monarcas vuelven a sus monturas para continuar el reparto de ilusión por el resto del recorrido.

Los Reyes Magos adorando al Niño Jesús en la cabalgata de Alcoy

La magia, sin embargo, no termina cuando se apaga la música en la calle. A diferencia del resto de España, donde la tradición manda esperar hasta la mañana del 6 de enero, los niños de Alcoy cuentan con un privilegio especial. Al volver a casa tras la cabalgata, corren a buscar los paquetes que los pajes han dejado en sus casas durante el recorrido. En Alcoy los regalos se abren esa misma noche del 5 de enero. Es una suerte única: los pequeños alcoyanos disfrutan de sus juguetes unas horas antes que los demás, convirtiendo la madrugada del día 5 en una velada familiar de emoción, papel rasgado y juegos.