¿Cuál es la mejor hora para entrenar?
¿Es mejor entrenar por la mañana o por la tarde? ¿Antes o después de una comida? ¿Y en ayunas?
Bien, primero habría que aclarar que cualquier momento del día va a ser mejor que ninguno. La actividad física siempre será beneficiosa frente al sedentarismo. Ahora, habrá momentos en los que podamos rendir más o conseguir mayores beneficios. Veámoslo.
La ciencia es bastante confusa, pues depende de dónde pongas el foco esta te dirá una cosa u otra. Si prestamos atención a la fisiología del ejercicio, vemos una clara tendencia a que es mejor entrenar por la tarde ya que a nivel hormonal, el ratio de testosterona - cortisol será más alto y por tanto tendremos un comportamiento más anabólico. También a mitad de la tarde nuestra temperatura corporal está más alta, favoreciendo el rendimiento del entrenamiento.
Por último, también nuestro metabolismo puede funcionar mejor a estas horas (dependiendo de cómo estén nuestras reservas de glucógeno). Por lo tanto, a nivel fisiológico todo hace apuntar que de 16 a antes de 20 sería la mejor hora para entrenar.
Sin embargo, hay otros factores que deberían ser tenidos en cuenta. El principal es la disponibilidad. Será mucho mejor entrenar a una hora donde podemos tomarnos nuestro tiempo para disfrutar, que forzar nuestros horarios y estar estresados mientras entrenamos y con el tiempo justo. También habría que tener en cuenta nuestra orientación al entrenamiento.
En mi caso, he de admitir que no me gusta entrenar en el gimnasio, prefiero hacer otro tipo de ejercicios o deportes, aunque se que he de entrenar pues es bueno para mi. Por eso, intento entrenar a primera hora de la mañana. Se atribuye a Mark Twain la metáfora de que si tendrías que comerte una rana viva cada día, el mejor momento sería lo antes posibles.
Así evitarías estar todo el día pensando en que tienes que comerte una rana viva y podrías disfrutar del resto de tus actividades. Esta metáfora puede servir para cualquier obligación en nuestro día a día; también para el entrenamiento. Así, cuando entreno por la mañana o enseguida que tengo la oportunidad a lo largo del día, ya me olvido de tener que hacer los deberes y puedo seguir con mis quehaceres, con el orgullo de saber que he cumplido.
Por último, mencionar que el cuerpo es sabio y se adapta. Si te acostumbras a entrenar a cierta hora, pues es cuando más te apetece o cuando coincide con tus horarios, el cuerpo acabará adaptándose y sabrá que sobre esa hora ha de estar preparado para rendir. Por tanto, la hora a la que entrenemos podrá influir en nuestro entrenamiento, pero nunca determinará los resultados de este.


















