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Niños de élite: ¿A qué edad debería mi hijo empezar un deporte?

La sociedad de hoy nos pide productividad. No hay tiempo para demorarse, siempre hemos de estar activos, produciendo.

Si no estamos haciendo nada parece que estamos perdiendo el tiempo, perdiendo oportunidades que otros -los que sí están haciendo algo-, están aprovechando y nos adelantan. Este fenómeno es muy fácil verlo en nosotros mismos, en personas ya adultas donde la vida laboral, social y académica nos exigen cada vez más. No somos plenamente culpables de este suceso, pues, aunque tenemos cierto margen de actuación sobre nuestra vida, muchas imposiciones sobrevuelan nuestras cabezas y nos presionan a llevar este estilo de vida. El problema viene cuando estas imposiciones, este no quedarse atrás en lo productivo, lo llevamos a los más pequeños, a nuestros hijos. 

 

Lleva siendo tiempo normal ver a niños de 7 u 8 años apuntados a extraescolares, tanto de deporte como académicas: fútbol, baloncesto, robótica, inglés… De hecho, intentamos cuadrar las tardes de nuestros hijos para que queden pocos huecos libres, así matamos dos pájaros de un tiro: por un lado podemos organizar nuestra vida adulta, por otro el niño no se quedará atrás con sus iguales. Sabrá inglés, robótica, fútbol, judo y tenis. Su futuro, por suerte, estará asegurado, mientras que su presente está condenado a ser un buen futuro adulto y no un niño. 

 

Esta situación cada vez se está volviendo más extrema y, mientras que ya normalizamos tener a niños de 7 años en esta situación, ahora la nueva normalidad es tener a niños desde los 3 años asegurando su futuro. Personalmente, veo este problema cuando en nuestro club no queremos tratar con niños tan pequeños, pues no está en nuestros principios una especialización tan temprana, pero nos vemos cada vez más en la obligación de aceptar dar clases a los más pequeños para no quedarnos atrás en el mercado. Si no los aceptamos se irán a otro club.

 

A pesar de haber caído en aquello con lo que no comulgamos, tratamos de que el niño siga unas fases de desarrollo acordes a su edad y no practique un deporte específico, sino que aprenda a moverse y a controlar su cuerpo a través de las distintas etapas en las que se encuentran, porque, seamos claros, un niño no debería de ser “entrenar” ningún deporte hasta una edad ya avanzada, debería de conseguir todas las habilidades básicas y divertirse mientras tanto. La literatura nos ofrece ciertos riesgos que pueden sufrir los niños si se especializan de forma temprana en un deporte: 

 

  • Riesgo de lesiones crónicas en un futuro: algunos deportes son muy demandantes para ciertas estructuras y, si no han madurado adecuadamente, el sobreuso de estas puede hacer que tengamos mayor riesgo de lesión en un futuro o no crezcan como deberían (1) (2) (3) (4).

  • También hay riesgos psicológicos como el síndrome de desgaste, donde el enfoque intensivo en un deporte puede hacer que acabemos no solo aburriendo ese deporte, sino la actividad física, haciendo que abandonen para siempre cualquier práctica deportiva (5) (6) (7).

  • Como ya hemos dicho, si nos centramos en solo unos aspectos de nuestro comportamiento motor, abandonaremos un paisaje psicomotriz inmenso, donde algunas habilidades se perderán para siempre y no seremos capaces de aprenderlas con la misma facilidad (6) (8).

 

Entonces, ¿cuál es la solución a esta situación? Lo ideal, en mi opinión, sería dejar que los niños vuelvan a ser niños, que jueguen en el parque, con sus amigos. Que socialicen y descubran el mundo con asombro y no encerrados en cuatro paredes. Aún así, es entendible que no todos los padres tienen el lujo de pasar tiempo con sus hijos en un parque, y no siempre están los abuelos para echarnos una mano. Por tanto, lo ideal sería encontrar una escuela que se preocupe más por fomentar el buen desarrollo motriz de los niños que por la especialización de su deporte. Para ello, hay un modelo llamado Desarrollo del atleta a largo plazo (LTAD model por sus siglas en inglés) donde se divide la vida deportiva del niño en siete etapas, cada una centrada en las necesidades físicas que demanda su edad.

 

  1. Comienzo activo: desde los cero a los seis años, el niño debería tener actividad diaria a través del juego y el movimiento, donde las tareas que se proponen como juegos escondan el descubrimiento de habilidades motoras, a la vez que se sienten competentes y seguros.

  2. Fundamental: de los seis a los nueve, lo ideal sería que el niño siguiera desarrollando estas habilidades a través de tareas estructuradas, como una adaptación a un deporte con reglas simples o a través de juegos. 

  3. Aprender a entrenar: de los 9 a los 12 podrían ya empezar con reglas básicas, tácticas y estrategias de algunos deportes, dando al niño la oportunidad de participar en distintos deportes para así comprender ampliamente como distintos funcionamientos del deporte. 

  4. Entrenar por entrenar: aquí, de los 12 a los 16 años, podríamos empezar a descubrir el mundo de la competición y el entrenamiento específico de un deporte, desarrollando los componentes técnicos, tácticos y físicos específicos del deporte.

  5. Entrenar para competir: 16-18 años, donde quien haya elegido esta opción, podrá dedicar mucho tiempo a una única práctica deportiva, pero sabiendo por su trayectoria y para su futuro distintas realidades a su deporte. 

  6. Entrenar para ganar: con más de 18 años, el entrenamiento sería ya individualizado dependiendo de las demandas del deporte y el atleta.

  7. Vida activa: aquí es donde siempre podremos llegar, tantos si seguimos con el entrenamiento competición, como si nos vamos al entrenamiento recreación. Siguiendo este modelo, la finalidad es que el niño, en un futuro, mantenga una vida activa a pesar de no haber competido o después de haberlo hecho. 

 

Este sería uno de los modelos que podrían solucionar esta tendencia a convertir a nuestros niños en niños de élite, tratando de que, por temor a que se queden atrás y no lleguen a ser “buenos en algo” si no empiezan cuanto antes, les arrojamos a los riesgos que ya hemos mencionado antes, y al riesgo de que por su futuro, no disfruten de su presente. 

 

 

Bibliografía:

  1. Feeley, B., Agel, J., & LaPrade, R. (2016). When Is It Too Early for Single Sport Specialization?. The American Journal of Sports Medicine, 44, 234 - 241. https://doi.org/10.1177/0363546515576899.

  2. Fabricant, P., Lakomkin, N., Sugimoto, D., Tepolt, F., Stracciolini, A., & Kocher, M. (2016). Youth sports specialization and musculoskeletal injury: a systematic review of the literature. The Physician and Sportsmedicine, 44, 257 - 262. https://doi.org/10.1080/00913847.2016.1177476.

  3. Popkin, C., Bayomy, A., & Ahmad, C. (2019). Early Sport Specialization.. The Journal of the American Academy of Orthopaedic Surgeons. https://doi.org/10.5435/JAAOS-D-18-00187.

  4. Jayanthi, N., Post, E., Laury, T., & Fabricant, P. (2019). Health Consequences of Youth Sport Specialization.. Journal of athletic training, 54 10, 1040-1049 . https://doi.org/10.4085/1062-6050-380-18.

  5. Brenner, J. (2016). Sports Specialization and Intensive Training in Young Athletes. Pediatrics, 138. https://doi.org/10.1542/peds.2016-2148.

  6. LaPrade, R., Agel, J., Baker, J., Brenner, J., Cordasco, F., Côté, J., Engebretsen, L., Feeley, B., Gould, D., Hainline, B., Hewett, T., Jayanthi, N., Kocher, M., Myer, G., Nissen, C., Philippon, M., & Provencher, M. (2016). AOSSM Early Sport Specialization Consensus Statement. Orthopaedic Journal of Sports Medicine, 4. https://doi.org/10.1177/2325967116644241.

  7. Jayanthi, N., Pinkham, C., Dugas, L., Patrick, B., & LaBella, C. (2013). Sports Specialization in Young Athletes. Sports Health, 5, 251 - 257. https://doi.org/10.1177/1941738112464626.

Myer, G., Jayanthi, N., Difiori, J., Faigenbaum, A., Kiefer, A., Logerstedt, D., & Micheli, L. (2016). Sports Specialization, Part II. Sports Health, 8, 65 - 73. https://doi.org/10.1177/1941738115614811.